En un blog que arroja la luz sobre las maravillas ocultas del mundo, se explica que en los años 30 un grupo de arqueólogos japoneses halló los llamados ‘Documentos de Takenouchi’, un conjunto apócrifo de antiguos textos religiosos que ofrecían una versión alternativa de la vida de Jesús.

Según ellos, Jesús vino a la edad de 21 años a Japón y pasó allí 12 años haciendo estudios religiosos y aprendiendo la lengua. A los 33 regresó a Judea donde evitó la crucifixión al cambiarse por su hermano menor Isukiri, que murió en la cruz, mientras Jesús escapó a Japón, se convirtió en un cultivador de arroz, se casó con una japonesa y falleció en la edad de 106 años por causas naturales.

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Aunque los documentos de Takenouchi fueron, al parecer, destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, la leyenda sigue viva gracias a los habitantes de Shingo, un pequeño pueblo en la prefectura de Aomori, en el norte de Japón. Allí se encuentran dos idénticos montículos de tierra con cruces de madera colocados en los años 60 por la oficina de turismo: una supuestamente demarca la tumba de Jesucristo y la otra la de su hermano crucificado.

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Las tumbas nunca fueron investigadas, pero, según la leyenda, la tumba de Isukiri contiene la oreja de este y un mechón de la Virgen María que fueron traídos por Jesús en su segunda venida a Japón.

No se sabe si la leyenda de la tumba de Jesucristo tiene alguna base, pero lo cierto es que atrae a más de 30.000 turistas al año a este pueblo situado en una zona remota del norte de Japón, donde los lugareños ofrecen un ‘sake’ especial denominado ‘Pueblo de Cristo’.

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