La escritora y activista social Rebecca Solnit destaca que los estadounidenses son ”expertos en combinar la complacencia y la desesperación” que llevan a asumir que las cosas no pueden cambiar y que ”nosotros, el pueblo, no tenemos el poder para cambiarlas”, haciendo referencia a las posibilidades de influir en los gobiernos y los sistemas como el capitalismo.

Sin embargo, sostiene Solnit, se tiene que ser ”abismalmente ignorante sobre la historia”, así como sobre los acontecimientos actuales, para no ver que tanto EE.UU. como el mundo ”siempre han ido cambiando, se encuentran en medio de grandes y terribles cambios, y cambian de vez en cuando a través del poder de la voluntad popular y los movimientos idealistas”.

”El cambio climático del planeta exige ahora que sumemos la energía para dejar atrás la era de los combustibles fósiles y, tal vez con ella, una parte de la era del capitalismo también”, agrega en su más reciente artículo, publicado por el portal Tom Dispatch.

Solnit pone como ejemplo al pueblo de Richmond, en California, donde hace unos años parecía inevitable que la petrolera Chevron, que maneja una refinería en ese lugar, lograse imponer a los candidatos que patrocinaba para los puestos políticos más importantes, respaldada por su músculo económico.

Sin embargo, movimientos de políticos progresistas han logrado contener la influencia de la petrolera y han obtenido el control político de su ciudad, explica la escritora, resaltando el hecho de que, como ya demostró en su momento la revolución francesa desafiando el ”derecho divino” de la monarquía, la voluntad del pueblo se puede imponer sobre poderes que parecen inamovibles.

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