Ante una mermada confianza en una solución mediante métodos convencionales, están ganando más peso las propuestas de introducir una moneda paralela como una receta para que Grecia se mantenga en la zona euro y evite una subida de impuestos y un recorte de gastos para manejar su deuda, escribe el portal RBK.

Esta opción fue mencionada por el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schauble, durante una reunión con financieros europeos el mes pasado, según fuentes citadas por Bloomberg.

Si Grecia no llega a un consenso con sus acreedores internacionales, los euros que ingresen en el presupuesto mediante la recaudación de impuestos se destinarán a pagar las deudas, mientras que el Gobierno emite pagarés especiales para cumplir con las obligaciones sociales.

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Estos pagarés serían una segunda moneda de facto y podrían entrar en circulación, obviamente con un valor menor del del euro.

Las autoridades también podrían optar por aceptarlos como pagos tributarios, algo que aumentaría su valor.

Otra opción sería emitir certificados de crédito tributario, que garantizarían a empresas y trabajadores una exención fiscal parcial dentro de algunos años.

De hecho, la emisión de tales herramientas es una apuesta en la futura recuperación económica: el Gobierno renuncia a parte de sus futuros ingresos fiscales confiando en que los incentivos económicos de hoy surtan efecto y compensen en el futuro los ingresos sacrificados.

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Trabas

El problema consiste en que un sistema semejante de monedas paralelas contradice la legislación europea, que establece que el euro es la única moneda oficial de los 19 países de la eurozona.

Además, tales medidas representarían una divergencia de las rígidas normas fiscales, cuyo cumplimiento es obligatorio para todos los países miembros.

Es muy probable que la emisión de pagarés sea calificada como una violación de las normas presupuestarias.

Por otra parte los certificados de crédito tributario amenazan con un agujero presupuestario si las expectativas de recuperación económica no se hacen realidad.

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Según la ley de Gresham, en un país donde circulan simultáneamente dos monedas desiguales, la moneda débil siempre expulsa a la fuerte, que en este caso sería el euro.

La mayoría de los economistas coinciden en que la introducción de una segunda moneda solo aplazaría la salida de Grecia de la zona euro o sería una medida temporal hasta que Atenas y los acreedores acordaran un nuevo programa de rescate financiero a largo plazo.

En otras palabras, el sistema de monedas paralelas no ofrece una solución de largo plazo a la crisis griega.   

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