Según la agencia AP, se trata de un tribunal eclesiástico especial con sede en el Vaticano que centrará su atención en casos de negligencia en relación a uno de los problemas más graves que afronta la Iglesia Católica: la pederastia.

La decisión es el paso más importante dado por la Santa Sede para que los obispos negligentes o que encubran este delito asuman sus responsabilidades. En abril el pontífice se limitó a aceptar la dimisión de un obispo estadounidense condenado por un tribunal por no haber denunciado a un abusador pedófilo en una parroquia.

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