Los científicos revelaron los principios que determinan cómo las moléculas producidas por las células, que son transportadas en pequeños sacos llamados vesículas, son entregadas ”en el lugar adecuado y en el momento adecuado”, según el fallo del Comité.

El Comité Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo detalló que Randy Schekman descubrió un grupo de genes que son necesarios para el transporte de vesículas; Rothman descifró la maquinaria que permite a las vesículas fusionarse con sus objetivos para permitir el transporte de la carga y Südhof reveló cómo las señales instruyen a las vesículas para liberar su carga con precisión.

Este sistema es vital en una serie de procesos fisiológicos, y un transporte vesicular defectuoso es además una característica común en desórdenes neurológicos e inmunológicos, como la diabetes, señaló en su motivación del premio el Comité.

Fue Schekman quien en 1970 comenzó a estudiar el sistema de transporte celular usando como modelo la levadura, reseñó hoy la agencia de noticias EFE.

A través del rastreo genético identificó las células de la levadura con un sistema de transporte defectuoso y averiguó que todo se debía a una cuestión genética, luego descrubrió tres clases de genes que controlan distintos aspectos de esta estructura.

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Cuando investigaba una década después el transporte vesicular en células de mamíferos, Rothman averiguó que un complejo de proteínas permite a las vesículas acoplarse y fusionarse con las membranas y que ese principio rige también dentro de las células.

Más tarde se reveló que varios de los genes hallados por Schekman en la levadura eran codificados por proteínas identificadas en mamíferos por Rothman, lo que permitió cartografiar componentes esenciales del sistema de transporte celular.

Südhof estaba interesado en saber cómo las células nerviosas se podían comunicar entre sí con precisión en el cerebro y decidió rastrear proteínas sensitivas al calcio en ellas.

Esto le permitió identificar una maquinaria molecular que responde a un influjo de iones de calcio y conduce a las proteínas vecinas a unir las vesículas a la membrana exterior de la célula nerviosa, demostrando cómo es posible tal precisión en el transporte y cómo el contenido de las vesículas puede ser liberado.

”Ayer podía trabajar todavía bien en mi laboratorio y espero poder hacerlo también mañana. El trabajo nos gusta muchísimo a todos y no quiero perderme ni un segundo (de las tareas) en el laboratorio”, dijo Schekman a la agencia de noticias DPA una vez enterado de su premio.

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Schekman (St. Paul, EE.UU., 1948) se formó en las universidades de California y de Stanford, donde se doctoró en 1974 en el mismo departamento al que luego se uniría Rohtman; y en la actualidad enseña en Berkeley y en el Instituto Médico Howard Hughes.

Dos años más joven, Rohtman se doctoró en Harvard, y tras pasar por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) recaló en Stanford, aunque trabajó también en Princeton y Columbia y ahora ejerce como docente en la Universidad de Yale.

En una conferencia de prensa en esa casa de estudios, Rothman admitió que ya había perdido la esperanza de ganar el premio. ”En los años anteriores siempre me quedaba despierto, pero la llamada nunca llegó. Por lo tanto abandoné y cuando esta mañana a las 4.30 recibí la llamada con la amigable voz sueca, estaba profundamente dormido”, contó.

”Sin dudas este es un momento fascinante, pero el momento del descubrimiento fue aún más fascinante”, dijo.

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Nacido en Göttingen (Alemania) en 1955, Thomas Südhof estudió y se doctoró en la universidad local antes de trasladarse a EE.UU., en varias de cuyas universidades ha investigado y enseñado, entre ellas la de Stanford.

”¿En serio?”, preguntó el alemán al representante del Comité Nobel que realizó la llamada.

”Había una cantidad de especulaciones, pero nunca hubiese contado con que iba a recibir el premio Nobel”, dijo el científico, quien consideró ”maravilloso” haber recibido el premio junto con Schekman y Rothmann y se manifestó ”verdaderamente muy feliz porque creo que es increíblemente justo”.

Los tres galardonados, que suceden al británico John B. Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka, compartirán a partes iguales los 8 millones de coronas suecas (1,3 millones de dólares) con que están dotados los Nobel.

El Premio Nobel de Fisiología o Medicina se concede desde 1901 y dos argentinos fueron merecedores: Bernardo Houssay, por su trabajo sobre influencia del lóbulo anterior de la hipófisis en la distribución de la glucosa en el cuerpo, fundamental para la diabetes; y César Milstein, por el desarrollo de la técnica para crear anticuerpos monoclonales.

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