El futuro del Mercosur, entre la esperanza y las dudas

Especialistas coinciden en que el bloque sigue sin poder sortear los principales desafíos respecto a la libre circulación.

Buena parte del futuro del Mercosur comenzó a jugarse a partir del 1 de enero. La fecha es clave porque ese día Jair Bolsonaro asumió como 38° presidente de Brasil. El mandatario ultraderechista (y sobre todo su ministro de Hacienda, Paulo Guedes) se ha mostrado distante respecto del bloque regional y adelantó que planea revisar el acuerdo comercial entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Venezuela está suspendido).

En números, el bloque representa más de la mitad del producto generado en América latina y el Caribe, pero explica menos de un tercio de su comercio internacional, según indica la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en un informe de 2018.

Para esta comisión de las Naciones Unidas, la diferencia se debe fundamentalmente al bajo grado de apertura relativa de Argentina, Brasil y Venezuela, sus miembros más grandes.

“No obstante, el bloque juega un papel clave en el comercio intrarregional de mercancías de América Latina y el Caribe; genera el 49% de las exportaciones y el 43% de las importaciones intrarregionales y le imprime un perfil más diversificado al aportar un 56% de las exportaciones manufactureras no agropecuarias realizadas entre países de la región”, consigna.

En un documento titulado “El rol del Mercosur en la integración regional”, la Cepal advierte que si bien en las últimas décadas los países de América Latina y el Caribe “lograron cierto grado de consolidación macroeconómica y alcanzaron mayores niveles de ingreso”, siguen enfrentando grandes desafíos “en materia económica, social y medioambiental”.

Entre otros, incluyen, “el lento crecimiento de la productividad, la falta de diversificación de la estructura productiva, la falta de modernización tecnológica, la persistencia de la pobreza y la vulnerabilidad social, la debilidad institucional, la vulnerabilidad a los efectos del cambio climático y los problemas de financiamiento para el desarrollo”.

“Un mayor nivel de ingreso per cápita no necesariamente implica menores niveles de pobreza, menos desigualdades o mayores niveles de desarrollo y bienestar”, agrega.
Parálisis

Según especialistas, la parálisis funcional que desde hace algunos años padece el bloque es una de las causas por las que los países más importantes miran más hacia afuera que hacia adentro de ese espacio común.

Bolsonaro. El presidente de Brasil, factor clave para el bloque.
El punto más problemático es el referido a la aplicación del arancel externo común, que obliga a las partes a negociar en conjunto cualquier tratado de libre comercio con terceros.

“Son limitaciones estructurales, tienen que ver con el formato. Ni Cristina Kirchner ni Macri las pudieron superar”, apunta Federico Trebucq, presidente de la Fundación Ceic y Profesor de Economía Política Internacional (Siglo 21 – CEA, UNC).

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“El Mercosur está en un estado de hibridación y transición, ya que no se alcanzó la profundidad que se esperaba. Los países deben tomar la decisión: avanzan o se quedan estancados”, aporta Esteban Actis, doctor en Relaciones Internacionales, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario.

Ambos expertos coinciden en que pese a las especulaciones previas, Bolsonaro es una incógnita. “Si bien plantea un escenario donde la región y el Mercosur no serán prioridad para Brasil y se espera un fuerte alineamiento con Estados Unidos, hay que ver cuánto de eso puede llevar a cabo considerando su escenario político doméstico muy fragmentado y los intereses de los grupos económicos, sobre todo los industriales de San Pablo y el sur del país, en donde los vínculos con región y específicamente con Argentina son muy estrechos”, dice Trebucq.

“Macri no viajó a la asunción de Bolsonaro, precisamente por cortocircuitos en flexibilizar el Mercosur. El principal desafío de Macri en ese contexto será cómo replantea la relación con un nuevo gobierno. Los funcionarios de Macri no se conocen con los de Bolsonaro”, arriesga Actis.

Señales ambiguas
No obstante, está confirmada una reunión entre los mandatarios de ambos país, con fecha 16 de enero, cuyos protocolos están elaborando los cancilleres de ambos países, Jorge Faurie y su par brasileño, Ernesto Araújo, quien declaró ser un fanático del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En una encuesta reciente de Datafolha, el 66 por ciento de los brasileños se manifestó en desacuerdo con la política de alineamiento con Estados Unidos impulsada por Bolsonaro y su canciller.

Todavía es temprano para sacar conclusiones, porque las señales que llegan desde Brasilia son ambiguas. Ayer, por ejemplo, la nueva ministra de Agricultura, Tereza Cristina Correa, afirmó que el Mercosur seguirá siendo una “prioridad” en el Gobierno de Bolsonaro.

“Mantener mercados y la apertura de nuevos mercados es esencial para la agricultura”, afirmó Correa tras participar en la ceremonia de transmisión del cargo del Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento.

En una entrevista publicada el pasado noviembre por el diario O Globo, la ministra, una hacendada que coordinaba la bancada de los propietarios rurales en el Congreso, llegó a amenazar con dejar el Mercosur en un caso extremo, si no se revisan las condiciones.

Cuentas pendientes
Días atrás, en Montevideo, el presidente argentino asumió la presidencia pro tempore del Mercosur, cargo que recibió de su par uruguayo, Tabaré Vázquez, y que ejercerá por los próximos seis meses. Aspectos como la flexibilización del bloque, el demorado acuerdo con la Unión Europea y posibles convenios con Asia figuran en la agenda de sus desafíos.

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Hace décadas comenzaron las negociaciones con la UE, pero resta que la decisión política se imponga para salvar diferencias técnicas. La llegada de Bolsonaro al poder es un factor que podría demorar aún más la firma.

“Dada la coyuntura internacional convulsionada y con la rígida posición francesa, sumado a crecientes tensiones proteccionistas de otros países europeos, parece difícil que un acuerdo de esta naturaleza de concrete en el corto plazo”, señala Trebucq para quien el Mercosur es para Macri “la principal plataforma para la integración de nuestro país al mundo”. Por lo que seguirá insistiendo en cerrar acuerdos con la UE, pero también con otros mercados de interés como Canadá o Corea del Sur.

Industria automotriz. Es el sector productivo más importante en los intercambios entre Brasil y Argentina.
“La UE puede dilatar el acuerdo para poder negociar con cada país individualmente y no con el bloque. Igual que a China, que le conviene una flexibilización para negociar con cada país. Uruguay ya firmó un acuerdo con los chinos. Salir al mundo aisladamente podría tener alguna ventaja como una pauta arancelaria menor, pero en términos políticos termina aislando mucho más. Argentina sin el Mercosur, a diferencia de Brasil, es un país más débil”, apunta Actis.

El canciller Jorge Faurie lo dejó más que claro, semanas atrás en Montevideo: “Lo más importante: el Mercosur ya tiene peso para el resto del mundo y por lo tanto lo que dice en su diálogo político es extremadamente relevante. Tenemos que coordinar porque cuando nos presentamos con una voz única, valemos cuatro veces más”.

Brasil tuvo su segundo mayor superávit
Brasil registró en 2018 un superávit en su balanza comercial de 58.298 millones de dólares, el segundo mayor de su historia, tan sólo superado por el de 2017, cuando alcanzó los 66.900 millones de dólares.

El saldo positivo fue en un 13,3 % inferior al de 2017, afectado principalmente por el fuerte aumento de las importaciones, que superaron en 19,7% las del año inmediatamente anterior debido a que, por la recuperación económica del país tras una grave recesión, las empresas aumentaron sus compras en el exterior.

El superávit no se redujo aún más debido a que las exportaciones también aumentaron, pero en una tasa inferior (+9,6 %), y alcanzaron su mayor valor en los últimos 15 años.

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