El centro de la crisis mundial sigue situado en los Estados Unidos

La población de Detroit, una ciudad que fue cabecera mundial de la industria automotriz, se redujo en un 25% durante la última década. Es un derrumbe demográfico que no registra antecedentes en la historia de los EE UU, salvo en Nueva Orleans después del huracán Katrina. Una caída demográfica de esa magnitud se asemeja a la de Berlín en el transcurso de la II Guerra Mundial. Detroit es ahora la ciudad más pobre de los Estados Unidos, con una tasa de desempleo real estimada en un 50 por ciento. Michigan, por su parte, ha pasado de ser uno de los principales centros industriales a un Estado lleno de ciudades fantasma, pueblos abandonados y fábricas vacías.
En definitiva, Detroit y Michigan son sólo expresiones extremas de la cuestión de fondo que se encuentra detrás de la llamada »crisis de los presupuestos» en los Estados Unidos: se ha producido allí un derrumbe industrial.

UNA DEUDA INSOPORTABLE. Al comenzar agosto, la deuda pública de los Estados Unidos había alcanzado los 16 billones de dólares (16 millones de millones), en torno del 112% de su PIB (en 2009 fue el PIB de los EE UU fue de 14,264 billones de dólares). De nuevo, el Tesoro estadounidense ha encendido todas las alarmas.
En promedio, la deuda de los países de la OCDE se sitúa en alrededor del 95% del PIB de las naciones que la integran. El caso extremo es el de Japón, cuya deuda superaba el 200% de su PIB antes de la catástrofe causada por el tsunami. Pero, aun así, los Estados Unidos es el mayor deudor del planeta en términos absolutos, de modo que cualquier movimiento ascendente de las tasas de interés lo colocaría en situación de default.
A pesar de ello, la demanda de bonos estadounidenses se mantiene alta y su deuda es considerada la más segura del mundo, simplemente porque es el único país con capacidad de emitir dólares, aun sin respaldo, para apuntalar su economía. No obstante, según observan diversos analistas, esa ventaja podría convertirse en su contrario por las inevitables consecuencias inflacionarias de la emisión, que podría volver insostenibles las bajas tasas de interés y, por lo tanto, generaría una crisis severa de la deuda de los EE UU. Seguramente por eso, en la actualidad los seguros contra un default de los Estados Unidos son más caros que los de países como Suiza, Finlandia o Suecia.
Otro dato que desvela a los mercados es el del presupuesto norteamericano: el déficit fiscal del país está en alrededor de 1,65 billón de dólares, casi el 11% del PIB. Es un porcentaje similar al que provocó el desastre griego, por ejemplo.
Peor aun es el panorama de los gobiernos estaduales y municipales, muchos de ellos en situación de quiebra técnica. Además, obviamente, ni unos ni otros pueden emitir dólares y dependen para eso de la Reserva Federal, de modo que sus déficit presupuestarios no pueden financiarse por esa vía. De ahí que, unos más que otros, demócratas y republicanos preparan planes severos de ajustes y restricciones de todo tipo.

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LA GRAN TIJERA. La crisis de Wisconsin, por cierto resonante, no ha sido la única. En la mayoría de los estados de los EE UU se discuten recortes de antiguas conquistas de empleados públicos y docentes, por ejemplo, y reducciones salariales, cercenamiento de derechos jubilatorios y de los servicios de salud. En general, los analistas coinciden en señalar que esas medidas no alcanzarán ni aproximadamente para cubrir los agujeros fiscales que presentan los presupuestos estaduales y municipales. Varios estados, además, han aprobado limitaciones en los subsidios al desempleo, porque los fondos dedicados a pagarlos simplemente se secaron. Por otra parte, en un cuadro que ya oficialmente es llamado Gran Recesión, esos recortes tendrían el efecto de enfriar aun más la economía y, en consecuencia, terminarán por empeorar la crisis.
Por ejemplo, Michigan aprobó una reducción de 26 a 20 en el número de semanas durante las cuales un ciudadano sin trabajo puede cobrar su seguro de desempleo. Esos seguros, por añadidura, sólo cubren una porción de las necesidades básicas de una familia norteamericana. Otras ciudades industriales como Cleveland, Cincinatti, Pittsburgh o Milwakee, sin llegar al caso extremo de Detroit, sufren también el fenómeno de la despoblación, el vaciamiento industrial, el desempleo en masa y los consiguientes planes de ajuste.
El caso más serio es el de California, cuya enorme economía sufre un déficit superior en 25 mil millones de dólares al presupuesto entero de la mayoría de los estados del país. La administración demócrata aplicó un plan combinado de recortes salariales y aumentos impositivos, que ya produjo una crisis política porque los republicanos respaldan el ajuste pero se niegan a votar los incrementos impositivos.

SATANÁS, EN SÁNDWICH CON PAPAS FRITAS. »Esto es un sándwich de Satanás con papas fritas de Satanás», ha dicho, muy expresiva, la jefa de la bancada demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Otros congresistas, sobre todo del partido de Barack Obama, sostuvieron que los recortes presupuestarios y las reducciones de los incentivos al empleo equivalen a »apagar el fuego con bencina».
Según datos de la Fundación Homeless on the World, otro 15% de la población perderá sus viviendas durante los próximos años. Más de 4 millones de estadounidenses ya las han perdido.
Con la vista fija en las próximas elecciones, los republicanos tienen en el primer punto de su programa el objetivo de asegurarles los pagos a los acreedores, y sólo después pensar en un aumento de la deuda. Los demócratas, por su lado, impugnan las propuestas de sus adversarios y proponen que se aumenten algunos impuestos mientras se mantienen los programas sociales. Así transcurrieron semanas de tensión, hasta que hace una quincena, el 2 de agosto, se logró un acuerdo por mayoría en el Senado, aprobado por 74 votos contra 26.
Así pudo zanjarse el aumento en el tope de endeudamiento en al menos 2,1 billones de dólares hasta el año próximo. Durante ese lapso, el gobierno deberá promover una reducción fiscal de 2,5 billones de dólares en todos sus programas. El acuerdo no le cierra las puertas a un posible aumento de impuestos.
Ahora, por lo menos, el gobierno de Obama podrá atender sus necesidades más urgentes, tan elementales como el pago de las pensiones a los jubilados, los salarios fiscales y los subsidios estatales.
Mientras tanto, tal vez, se sigue apagando el fuego con bencina. «

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índices tercer mundistas
Los bolsones de comida distribuidos entre la población con problemas para cubrir sus necesidades alimentarias son ya un fenómeno masivo en los Estados Unidos. Oficialmente llamadas Programa Asistencial de Suplementos Nutricionales, las »estampillas de comida» llegan hoy a casi 46 millones de estadounidenses.
Según un informe del Buró Nacional del Censo, casi la mitad de la población de los Estados Unidos cayó en la calificación federal de »pobre» o »individuo con bajos ingresos». A partir del estallido de 2008, una gruesa porción de trabajadores vio caer sus ingresos por debajo del tope de 45 mil dólares anuales para una familia de cuatro miembros. De acuerdo con el Banco, en ese período, 97,3 millones de norteamericanos entraron en la categoría »bajos ingresos», y se añadieron a los 49,1 millones de pobres preexistentes. El número total, de 145,4 millones de individuos, equivale al 48 por ciento de la población de los Estados Unidos.

Rescates gigantescos
Si en mayo, cuando el JP Morgan anunció pérdidas por 2000 millones de dólares y el tembladeral que siguió al anuncio hizo que los papeles de ese banco cayeran un 22,9 por ciento, ahora, cuando se sabe que el quebranto de la institución roza los 6000 millones, no faltan quienes se preguntan para cuántos alcanzarán los salvavidas.
JP Morgan es el segundo banco de inversión más grande de los EE UU. Sólo el Wells Fargo lo supera en tamaño. Durante la crisis de 2007/2008 el Morgan absorbió varios bancos en problemas, entre ellos el gigantesco Bear and Stern, con el respaldo de la Reserva Federal. Luego devoró al Washington Mutual, uno de los mayores prestamistas privados de hipotecas.
Desde entonces, el Morgan ha recibido 390 mil millones de dólares de asistencia financiera, poco menos del doble de la deuda exterior argentina completa. En total, según una auditoría de la FED, la asistencia total a los bancos llegó a 16 billones de dólares, equivalentes a un PIB estadounidense entero. Ese monto, dice la FED, incluye »préstamos secretos de rescates de bancos norteamericanos y extranjeros». Esos montos, dicen los analistas, dan una idea de la magnitud del »mercado de derivados», que movería, entre 700 billones y un trillón de dólares.

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