El Amazonas en llamas y el mundo se admira de la desidia criminal de Bolsonaro

La selva Amazonia brasileña arde y se consume a una velocidad impensada. En los ocho primeros meses del año se ha multiplicado a un ritmo del 84% que en el mismo periodo de 2018, un angustiante récord desde que el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) comenzó la medición en 2013. En lo que va de año, Brasil ha sufrido 72.843 focos, más de la mitad en la región amazónica.

El INPE se encarga de monitorizar la deforestación de la zona selvática a través de imágenes de satélite y por su actividad y los datos que difunde ha sido críticado por el ultraderechista presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que pone en duda sus datos.

Recientemente el cuestionado mandatario ha sugerido —sin presentar pruebas— que son miembros de organizaciones de defensa del medioambiente los que están causando incendios deliberadamente en venganza por el recorte de fondos decretado por el Gobierno.

El fuego avanza también en áreas protegidas, en territorios indígenas y zonas de conservación.

En el Estado de Mato Grosso, uno de los más golpeados por las llamas, los incendios aumentaron en un 205% incluso en el periodo en el que que están prohibidos los fuegos que provocan los agricultores para limpiar los campos.

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Mato Grosso vive de la producción agrícola y genera gran parte de la exportación de soja, maíz y algodón de Brasil. Allí se encuentran también los parques Chapada dos Guimarães —que ya ha perdido el 12% de su vegetación— y Serra de Ricardo Franco, en la frontera con Bolivia. Dentro de el país gobernado por Evo Morales ya se ha expandido el fuego que ha quemado medio millón de hectáreas.

Los incendios han alcanzado repercusión internacional, después de que el cielo de São Paulo, a 3.000 kilómetros de la Amazonia, quedase oscurecido el lunes, por el humo de los incendios que provenían del norte y el centro traído por los vientos estacionales.

Pero la máxima atención se logró cuando las imágenes se difundieron por las redes. Alli se logró que el tema se colocará en la agenda del insensible Bolsonaro que en lugar de generar acciones para detener este crimen ambiental, social y económico de gravísimas consecuencias, se dedicó a fomentar los negocios privados y defender a los responsables acusando con datos falsos y mentiras a las personas que vive, trabajan, defienden y cuidan esa región ahora puesta ante los ojos del mundo.

El irresponsable que debería encargarse de semejante calamidad de escala planetaria, sin presentar pruebas, dijo que las organizaciones ambientalistas estaban detrás de la tragedia. “Puede haber una acción criminal por parte de esas ONG para llamar la atención precisamente contra mí, contra el Gobierno de Brasil. Esta es la guerra a la que nos enfrentamos”, declaró.

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Parte de los focos en áreas protegidas son consecuencia de la deforestación, según un informe del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM) publicado el martes. Y muchas de esas zonas sufren también invasiones y arrendamientos de tierra fuera de la ley.

Los diez municipios de la Amazonia que más han ardido son también los más deforestados. Esas localidades suman el 37% de los incendios en lo que va de año y el 43% de la deforestación total registrada. En algunos casos, señalaba el IPAM, el fuego se hacía de manera controlada para limpiar campos, incluso en áreas protegidas con presencia humana, como aldeas indígenas o reservas extractivas. Pero la situación va más allá: “Es realmente preocupante”, reconoció el ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, en un encuentro sobre cambio climático en el que fue abucheado mientras intentaba hacerse escuchar.

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