El agresor de Jair Bolsonaro dijo que lo intentó matar porque “era una misión de Dios”

Adelio Bispo de Oliveira (40), el hombre que apuñaló el congresista de ultraderecha, fue detenido a los pocos segundos.

El ataque a uno de los principales candidatos a la presidencia de Brasil podría reformular la contienda luego de exponer la profunda polarización que se vive en la mayor nación de América Latina.

El congresista de ultraderecha Jair Bolsonaro, un excapitán del ejército que se comprometió a atajar la criminalidad, sostiene desde hace tiempo que Brasil está sumido en el caos y que necesita una mano firme que lo estabilice.

Un hombre apuñaló ayer al candidato en la parte baja del abdomen durante un acto de campaña en Juiz de Fora, una ciudad a unos 200 kilómetros al norte de Río de Janeiro. Tras el incidente, los brasileños debatieron en las redes sociales si la agresión respalda las afirmaciones de Bolsonaro de que el país está fuera de control o si su acalorada retórica contribuyó a incitar el ataque.

El medico Luiz Henrique Borsato, quien operó de urgencia al político, dijo que por el momento su recuperación estaba siendo “satisfactoria”. El candidato seguirá hospitalizado al menos una semana tras una cirugía de dos horas que detuvo una hemorragia interna grave.

En numerosos videos que captaron el momento del ataque, publicados en redes sociales, Bolsonaro aparece sobre los hombros de un simpatizante, viendo a la muchedumbre y con el pulgar de la mano izquierda hacia arriba. Tras la agresión se contrae y se pierde de vista. Otras grabaciones muestran a sus partidarios llevándolo a un auto y golpeando al supuesto agresor.

El sospechoso, identificado por las autoridades como Adelio Bispo de Oliveira, de 40 años, fue arrestado en cuestión de segundos. La policía no comentó sus motivos, pero un agente señaló que parecía que el sospechoso tenía problemas psicológicos.

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“Nuestros agentes informaron que el atacante dijo que estaba en ‘una misión de Dios'”, dijo Luis Boudens, presidente de la Federación Nacional de Policías Federales. “Su impresión es que estaban tratando con una persona que no se encontraba bien desus facultades mentales”.

Después de más de cuatro años de revelaciones de corrupción generalizada en la clase política de Brasil, el malestar se ha extendido por todo el país y los analistas predijeron en un primer momento que estos serían los comicios del cambio. Pero no ha aparecido ningún candidato realmente ajeno al mundo de la política.

En cambio, Bolsonaro, pese a ser congresista desde 1991, catalizó gran parte de esa ira y se presentó como un rebelde dispuesto a limpiar un sistema corrupto. Además promete enfrentar el repunte de la delincuencia otorgando más libertad a la policía para balear y matar a criminales cuando estén de servicio.

El malestar de la población es en parte el responsable de esta campaña sea la más impredecible en años en Brasil, y la agresión podría suponer otro giro drástico. Las autoridades electorales vetaron la presencia en las boletas del hombre que encabeza las encuestas, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que cumple su pena tras ser condenado por corrupción. Esto coloca a Bolsonaro en cabeza, aunque no está claro cómo podría afectar el apuñalamiento a la campaña.

En las horas posteriores al ataque, los seguidores de Bolsonaro predijeron que podría llevarlo a la presidencia.

“Convirtieron a Bolsonaro en un mártir”, dijo Jonatan Valente, un estudiante que participaba en una pequeña vigilia por el político en Sao Paulo. “Creo que la izquierda se dio un balazo en el pie porque con este ataque Bolsonaro acabará siendo elegido”.

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Por el momento se desconoce cuándo podrá reincorporarse a la campaña y si sus heridas afectarán a su agenda.
Las señales de la profunda división de la nación también se reflejaron en la vigilia, donde los partidarios de Bolsonaro intercambiaron brevemente insultos con algunos detractores que aparecieron en el acto.

En Twitter, muchos criticaron el apuñalamiento y pidieron oraciones por el candidato, mientras que otros sugirieron que se lo había buscado o que pudo haberse tratado de un montaje.

Esta no es la primera vez que la violencia alcanza a los políticos en los últimos meses. En marzo, mientras Lula se encontraba en el sur del país antes de entrar en prisión, los autobuses de su caravana recibieron balazos que no causaron heridos. Ese mismo mes, Marielle Franco, una concejala negra de Río de Janeiro, murió baleada junto a su conductor tras acudir a un acto.

Aunque cuenta con muchos partidarios, Bolsonaro es una figura muy polémica. Ha sido multado, e incluso enfrentado cargos, por declaraciones peyorativas hacia las mujeres, los negros y los homosexuales. Habla nostálgicamente sobre la dictadura militar que rigió el país entre 1964 y 1985, y ha prometido crear un gobierno con líderes y exlíderes militares. Su compañero de fórmula para la vicepresidencia, Hamilton Mourao, es un general retirado.

“Es probable que Bolsonaro utilice el ataque para argumentar que sus oponentes están desesperados y que no tenían otra manera de detenerlo”, dijo Mauricio Santoro, profesor de ciencias políticas en la universidad estatal de Río de Janeiro.

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