Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, las economías de la Alemania nazi y el Japón imperial combinadas representaban solo la mitad del tamaño de la de EE.UU., escribe Peter Navarro en un artículo en ‘The National Interest’. ”De hecho, la correspondencia estadística entre el poder económico y el poder militar en la Segunda Guerra Mundial es sorprendente”, indica el analista.

Los soldados y marineros estadounidenses que participaron en la Segunda Guerra Mundial tenían a sus espaldas fábricas en el corazón del país capaces de producir en masa tanques, aviones y naves ”a un ritmo mucho mayor que el enemigo podía destruirlos”, destaca.

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Sin embargo, hoy muchas de esas fábricas han sido cerradas y trasladadas a ciudades con nombres como Chengdu, Chongqing y Shenzhen, en lo que radica ”el problema estratégico obvio”. ”Si la Tercera Guerra Mundial llega en efecto, (…) EE.UU. ya no tiene masa a su lado”, advierte Navarro.

El analista sostiene que mientras los sesenta mayores astilleros de China están trabajando horas extra para producir masivamente submarinos y diversas piezas para grupos de ataque de portaaviones, ”muchos de sus homólogos estadounidenses están reuniendo el polvo, se fusionan o se cierran”.

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Muchos de los astilleros estadounidenses están acumulando polvo, se fusionan o se cierran

Mientras China fabrica masivamente bombarderos de quinta generación, el programa de los F-22 estadounidense ha sido cancelado y sus F-35 sufren problemas mecánicos y de presupuesto ”nunca vistos por un sistema de desarrollo de armas de EE.UU.”. Mientras el programa espacial de EE.UU. no despega de la Tierra, las empresas chinas del sector han lanzado un sistema de posicionamiento global y una estación espacial.

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”Sí, podemos estar sentados con palomitas de maíz en nuestros sofás y seguir disfrutando de la nostalgia de películas de la Segunda Guerra Mundial que muestran el triunfo ‘bueno’ sobre el mal autoritario, genocida y hegemónico”, concluye Navarro. Sin embargo, las siguientes ”películas de guerra” tendrán un final diferente ”a menos que EE.UU. conciba una forma de restaurar una base productiva que se marchita ante nuestros propios ojos”.

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