La Revolución Ciudadana iniciada en Ecuador hace diez años por Rafael Correa tendrá hoy su prueba de fuego con unos comicios presidenciales que algunos auguran como el principio del fin, o al menos el comienzo de una etapa muy diferente marcada por una economía en crisis y la pérdida del entusiasmo por el llamado “socialismo del siglo XXI”.
Según las encuestas, el oficialista Lenín Moreno, de Alianza País, podría lograr el 35% de los votos, seguido por dos candidatos de derecha, el ex banquero Guillermo Lasso, del movimiento Creo, con 23% de apoyo, y la ex diputada derechista Cynthia Viteri, del Partido Social Cristiano, con 11%.
Pero para evitar una segunda vuelta el próximo 2 de abril, el postulante más votado debería obtener el 40% de los votos y diez puntos de diferencia con el segundo, un escenario que según las encuestas (más allá de los conocidos desaciertos de los sondeos en todo el mundo en los últimos tiempos) parece poco probable.
Según detalla el diario La Nación, Ecuador vive hoy un momento crucial de su historia con el final de gestión del presidente que más años gobernó de forma ininterrumpida, el período más largo sin interrupciones golpistas en un país acostumbrado a las turbulencias políticas, y el inicio de un futuro incierto.
Pero durante una recorrida por las calles de Quito o Guayaquil en estos días nadie podría decir que hay agitación o un clima político encendido.
Son muy pocos los carteles de publicidad política, no hay paredes pintadas con consignas, las elecciones no son tema de debates acalorados en los cafés o en las calles, y la mayoría de los actos de campaña fueron caravanas ante la imposibilidad de congregar grandes multitudes detrás de una consigna política.
“Esta campaña sosa y aburrida no forma parte de nuestras tradiciones”, explicó Simón Pachano, politólogo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).
“Yo creo que este clima es consecuencia de los diez años que vivimos bajo la omnipresencia de un líder carismático que ocupaba todo el escenario. Ahora el teatro se ve vacío sin su presencia”, agregó.
Pachano también atribuyó el alto número de indecisos en las encuestas de opinión, cercano al 35%, a la desorientación que sienten los jóvenes.
“Aquí el voto es optativo desde los 16 años y obligatorio a partir de los 18 años. Y a toda esa masa de jóvenes, que solo vivió bajo el régimen de Correa, le resulta muy difícil tomar una decisión en el momento en que se acaba la «normalidad»”.
Otro aspecto evidente del clima político ecuatoriano es la falta de apasionamiento que generan los ocho candidatos que se presentan a estas elecciones.
“Yo creí hace algunos meses que esto iba a ser una gran confrontación entre «correístas» y «anticorreístas». Pero me equivoqué”, reconoció Pachano. “Eso se debe, en parte, a la debilidad de Moreno, un candidato tibio, del silencio, que no quiere decir hacia dónde va. Y por otro lado a la fragmentación y la debilidad de las candidaturas de la oposición”, señaló.
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