Sin embargo, el carácter de su tiempo político ”contaminó” hasta los sonidos y las opiniones de los referenciales trovadores cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Referentes y emblemas del Movimiento Nueva Trova Cubana y, por tanto, suerte de embajadores principales del ideario revolucionario regional, ambos fueron notablemente permeables al proceso que llevó a Salvador Allende a la presidencia de Chile el 4 de noviembre de 1970.

El golpe criminal perpetrado el 11 de septiembre de 1973 por las Fuerzas Armadas al mando del general Augusto Pinochet agitó aun más el cancionero de los cantautores y, como ejemplo de ello, en el primer álbum de Rodríguez (”Días y flores”, de 1975) aparece la explícita ”Santiago de Chile” (”Allí yo tuve un odio, una vergüenza/niños mendigos de la madrugada/Y el deseo de cambiar cada cuerda/por un saco de balas/Eso no está muerto/no me lo mataron/ni con la distancia/ni con el vil soldado”).

Con todo, parece haber sido Milanés el más conmocionado por aquellos sucesos, al punto de haber confesado años después que ”lo de Chile es lo que más me ha impactado en la vida”.

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Por eso, en su amplísimo cancionero, la situación chilena aflora de la mano de varias piezas como, por ejemplo, ”A Salvador Allende en su combate por la vida” (”Qué manera de alzarse en un abrazo/el odio, la traición, la muerte, el lodo/lo que constituyó tu pensamiento ha muerto todo/Qué vida quemada/qué esperanza muerta/qué vuelta a la nada/qué fin”).

También a Chile Pablo le debe el demoledor testimonio de ”La vida no vale nada” (”La vida no vale nada/si no es para perecer/porque otros puedan tener/lo que uno disfruta y ama/La vida no vale nada/cuando otros se están matando/y yo sigo aquí cantando/cual si no pasara nada”).

Pero su canción más emblemática acerca de de esa vivencia es ”Yo pisaré las calles nuevamente”, que, aseguró, compuso en 10 minutos tras enterarse de la muerte de Miguel Enríquez, fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el 5 de octubre de 1974, y sobre la que dijo ”ha sido la composición más rápida, más dramática y más desgarradora que me ha salido en la vida”.

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En ”Yo pisaré…”, Milanés conmueve entonando ”Yo pisaré las calles nuevamente/de lo que fue Santiago ensangrentada/y en una hermosa plaza liberada/me detendré a llorar por los ausentes”.

Aquella confluencia musical e ideológica de los músicos cubanos en torno a Chile se resquebrajó una vez que la dictadura abandonó el gobierno, ya que el debate sobre la figura de Pinochet y su decisiva influencia en la vida local fue una muestra más de la brecha que los empezó a distanciar definitivamente desde fines de la década de los 80.

Mientras Silvio saludó el fin del régimen militar y regresó al país para el 31 de marzo de 1990 actuar ante 80.000 espectadores en el Estadio Nacional e hizo de ese concierto el álbum ”Silvio Rodríguez en Chile” (publicado en 1992), Pablo se mantuvo alejado de la escena chilena hasta marzo de 1998.

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”El tratamiento tan criminal, tan monstruoso que se les dio a los revolucionarios en Chile me pareció algo tan brutal que solamente con la ausencia del causante de todo eso podía yo estar allí”, sostuvo al anunciar su regreso al país después de 26 años de ausencia.

La prosa de Milanés se ha alejado de las barricadas y el gesto de renunciamiento a una tierra amada no figura en las canciones recientes que sigue construyendo con pericia, romanticismo y talento.

Rodríguez, en cambio, retomó aquella historia sensible en ”Cita con ángeles”, la canción que dio título a su placa de 2003 donde canta ”Septiembre aúlla todavía/su doble saldo escalofriante/Todo sucede un mismo día/gracias a un odio semejante/Y el mismo ángel que allá en Chile/vio bombardear al presidente/ve las dos torres con sus miles/cayendo inolvidablemente”.

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