A un año de la muerte de Fidel Castro, mientras su hermano Raúl se prepara para delegar la presidencia, Cuba trata de sobrevivir a sus propios errores y a la llegada de Donald Trump al gobierno de Estados Unidos.

Así como Barack Obama restableció las relaciones diplomáticas con La Habana después de más de medio siglo, del mismo modo el actual presidente estadounidense, electo sólo 17 días antes de la muerte de Castro, deterioró la relación bilateral hasta llevarla a niveles de los tiempos de la Guerra Fría.

Con Raúl Castro, quien con 86 años permanecerá como jefe del Partido Comunista cubano (PCC) cuando abandone la jefatura de Estado el próximo 24 de febrero, Cuba había iniciado una era de reformas mucho antes de la muerte de Fidel, ocurrida el 25 de noviembre de 2016.

Sin embargo, algunas de estas medidas puestas en marcha a fines de abril de 2014 -que otorgaban más independencia y autonomía a las empresas estatales- aparentemente se han paralizado luego del VII Congreso del PCC.

En ese encuentro partidario, Raúl insistió en que no se aplicarían “terapias de choque” o medidas de estilo neoliberal.

Como contrapartida, Trump dejó de lado la política de su antecesor en la Casa Blanca, limitando los viajes de ciudadanos norteamericanos a Cuba, lo que afectó el turismo entre ambos países.

Además, prohibió que las empresas estadounidenses hagan negocios con compañías de propiedad o controladas por las fuerzas armadas cubanas.

También redujo a la mitad los diplomáticos norteamericanos en la capital cubana, luego de denunciar que en octubre se registró una serie de ataques acústicos de origen desconocido, que La Habana niega que hayan ocurrido.

Cuba acusó a Washington de “imprudencia” y de “buscar un choque con daños mayores” entre ambos países.

Lo cierto es que La Habana continúa soportando un embargo económico dispuesto por Washington en octubre de 1960, y en la actualidad importa el 80% de los alimentos de su canasta básica compuesta por arroz, frijoles, azúcar, pollo y aceite para cocinar.

Las medidas dispuestas por Trump han impactado en la economía cubana. Por ejemplo, en la Feria de la Habana participaron este año sólo 13 empresas estadounidenses contra 33 en 2016, informó la agencia británica Reuters.

China, no obstante, asistió con una delegación récord de empresas y más de 150 compañías españolas se reunieron en cinco pabellones.

Por el contrario, sectores de la oposición cubana señalan que las medidas dispuestas por la Casa Blanca han beneficiado al castrismo.

Los cubanos, por otra parte, concurrirán el próximo domingo a elecciones municipales para elegir candidatos a la Asamblea Nacional, en las que no participarán candidatos opositores independientes.

El director del Centro de Estudios Unión para Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, dijo a Télam que las elecciones cubanas “confirmaran que tanto La Habana como Venezuela se encuentra en un régimen totalitario de partido único, de hecho”.

“Esto es un retroceso, porque en la elección anterior el régimen castrista había permitido el experimento de que pudieran competir candidatos opositores en 35 municipios, aproximadamente 6% del total”, señaló Fraga.

Tras el retiro de Raúl asumirá posiblemente el gobierno el vicepresidente Miguel Díaz Canel, de 50 años, un dirigente que no pertenece a la generación de Sierra Maestra.

Para Fraga será una entrega condicionada del poder, ya que Castro manejaba el PCC, su hijo los servicios de inteligencia y contra-inteligencia, y varios de los comandantes de Sierra Maestra mantendrán cargos claves en las Fuerzas Armadas.

“Es así como el totalitarismo cubano se mantendrá pese al relevo generacional, en momentos que ha logrado extenderse a Venezuela. Cuba ha conseguido en base a diplomacia, lo que no logró con las armas medio siglo atrás”, señaló Fraga.

Caracas continúa siendo un aliado importante de Cuba, aunque en la actualidad aporta solo un 40 del 100% del petróleo que enviaba en tiempos del fallecido Hugo Chávez.

A pesar de las dificultades, Cuba trata de seguir adelante sin el liderazgo de Fidel, quien dirigió los destinos de la isla durante casi medio siglo, hasta que dejó la presidencia a su hermano, Raúl, el 31 de julio de 2006.

Para Atilio Boron, politólogo y sociólogo doctorado en ciencias políticas de la Universidad de Harvad, Castro fue “uno de los más grandes estadísticas de toda la mitad del siglo XX”.

En cuanto a si el líder cubano fue un dictador, respondió: “No. No fue un dictador. ¿Hay un solo modelo de democracia?”.

“Le cuento lo que me dijo el profesor en ciencias políticas de la Universidad de Yale, Robert Alan Dahl. El viajó a Cuba con muchos prejuicios, pero se encontró con un modelo democrático, completamente distinto al que nosotros conocemos”, señaló el analista.

Boron dijo que “para Dahl, el sistema cubano es mejor que el que tienen los países que celebran elecciones cada dos años, si se tiene en cuenta la salud y la educación, y otras cuestiones sociales”.

Según el Banco Mundial, La Habana tuvo una tasa de alfabetismo del 94,9% en 2015, así como la mortalidad infantil (por cada cien mil varones adultos) fue de 108 niños en el mismo año, contra 221 que tenía en 1960.

Pero el de los derechos humanos sigue siendo un tema polémico en la isla caribeña. Por ejemplo, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHyR) anunció que en julio último hubo 575 detenciones por motivos políticos.

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