Anunció que en unos días lanzará cuatro misiles de mediano alcance, que llegarán a solo 30 o 40 kilómetros de la isla estadounidense Guam, casi 24 horas después de haber amenazado con un ataque a ese territorio del Pacífico que alberga dos bases militares estadounidenses.

Ya la primera amenaza norcoreana había provocado el rechazo de la comunidad internacional, además de sacudir las bolsas de Europa y Asia, en una jornada en la que presidente estadounidense Donald Trump se jactó del poderío militar de Estados Unidos, al tiempo que incrementó el temor sobre un posible conflicto armado entre ambos países.

Lejos de aceptar la presión internacional, Pyongyang redobló su desafío a Estados Unidos al afirmar que presentará a mediados de agosto un plan para disparar misiles cerca de Guam al líder norcoreano, Kim Jong-un, quien decidirá si la iniciativa se lleva adelante, reportó la prensa estatal.

“Los misiles Hwasong-12 que serán lanzados por el Ejército cruzarán el cielo por encima de las prefecturas de Japón de Shimane, Hiroshima y Koichi”, señaló el general Kim Rak Gyom, comandante de la Fuerza Estratégica del Ejército Popular de Corea, en un comunicado reproducido por la agencia de noticias estatal KCNA.

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El general afirmó, además, que los comentarios de Trump, de que el país afrontará “el fuego y la furia”, son “un montón de tonterías” y destacó que el diálogo no parece una opción posible “con un hombre así de insensato” y sólo “la fuerza absoluta puede funcionar con él”.

Esta segunda amenaza se dio menos de 24 horas después de que el gobierno comunista informara que estaba analizando la posibilidad de atacar las bases norteamericanas en Guam, incluida la base aérea Anderson.

Esa base militar aloja los bombarderos estratégicos B-1B con capacidad nuclear, que ayer volvieron a ser enviados por Estados Unidos a la península coreana, según informó la agencia Yonhap citando fuentes militares surcoreanas.

Ante la primera advertencia de Pyongyang, Trump avivó la tensión al alabar las capacidades militares de su país a través de Twitter.

“Mi primera orden como presidente fue renovar y modernizar el arsenal nuclear; ahora es mucho más fuerte y más poderoso que nunca antes”, afirmó el presidente.

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En rigor, la escalada de tensión se disparó ayer al conocerse un artículo del diario The Washington Post, en el que se informaba que la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) estadounidense confirmó que el gobierno de Kin Jong-un ya cuenta con la capacidad de convertir sus armas nucleares en cabezas para sus misiles intercontinentales.

Sin embargo, las tensiones venían en aumento desde el sábado pasado, cuando se conocieron las nuevas sanciones contra Pyongyang acordadas por el Consejo de Seguridad de la ONU.

“Más le vale a Corea del Norte no hacer más amenazas a Estados Unidos; se encontrarán con un fuego y una furia nunca vistos en el mundo”, lanzó Trump después de conocer el informe del Post.

Hoy llegaba a Guam el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, procedente del sudeste asiático, donde en los últimos días cosechó apoyos, algunos de importantes socios comerciales de Corea del Norte, a las nuevas sanciones ordenadas por la ONU.

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Estas sanciones se acordaron en respuesta al primer misil balístico intercontinental (ICBM) que lanzó en su historia Corea del Norte el pasado 4 de julio, un hito armamentístico al le siguió el lanzamiento el 28 de julio de un segundo proyectil de este tipo, y fueron acompañadas por China y Rusia, aliados al gobierno norcoreano.

El gobierno chino hizo hoy un llamamiento a la cautela y alertó del peligro de una escalada en la crisis.

“Muy complicada y delicada” fue la definición de un portavoz de la Cancillería china, que criticó indirectamente tanto la postura de Corea del Norte como la de Trump, informando que su país espera que “todas las partes se expresen con cautela y actúen con prudencia”.

En declaraciones brindadas antes de su arribo a la isla del Pacífico, Tillerson consideró que las declaraciones de Trump buscaban enviar un “fuerte mensaje” a Kim Jong-un, para que “pueda entender, porque no parece entender el lenguaje diplomático” y para evitar algún tipo de “malos cálculos”.

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