Con Lula fuera de carrera, se complica el camino para Haddad

Para ganar la elección deberá tomar distancia de su mentor. Bolsonaro suma adeptos luego de haber sido apuñalado.

Fernando Haddad tiene fuertes posibilidades de llegar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil como la voz de Lula en la campaña, pero para ganar la elección, y eventualmente para gobernar, deberá tomar distancia con su mentor, afirman analistas.

Desde la cárcel donde purga una pena de doce años por corrupción, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) estiró hasta el límite su pulso con la justicia, dejando a Haddad poco tiempo de campaña hasta las elecciones del 7 de octubre, con una segundavuelta el 28.

Las últimas encuestas colocan a Haddad en un discreto quinto lugar, con entre un 8% a 9% de intención de voto, frente al casi 40% que ostentaba Lula antes de ser excluido de la campaña.

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Pero Haddad, un abogado y ex profesor universitario de 55 años, poco conocido del electorado, tiene ahora el viento a favor para lograr captar el máximo número de votos posibles de Lula.

Tendrá para empezar el apoyo del líder indiscutible del Partido de los Trabajadores (PT), que cuenta con una poderosa maquinaria electoral. Y dispondrá del segundo mayor tiempo de propaganda gratuita de radio y televisión, un arma todavía muy influyente en Brasil.

“Con todo esto, es muy difícil que no llegue a la segunda vuelta. Es solo una cuestión de tiempo que el electorado reconozca a Haddad como el candidato de Lula”, declara Lincoln Secco, historiador de la Universidad de Sao Paulo y autor de “Historia del Partido de los Trabajadores en Brasil”.

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Uno de sus retos será arañarle votos al centroizquierdista Ciro Gomes, muy fuerte en el pobre nordeste de Brasil, que concentra casi el 30% de los votos del padrón electoral. Gomes, un ex ministro de Lula, está en segundo lugar en los sondeos, con entre 11% y 13%, detrás del ultra derechista Jair Bolsonaro (de 24% a 26% de los votos).

Quienquiera que resulte electo presidente de Brasil heredará un país con una creciente deuda, un tímido crecimiento y elevado desempleo, que según muchos economistas deben tratarse con severos ajustes fiscales.

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