Multitudes que gritaban ”Maggie Maggie Maggie, muerta muerta muerta” se congregaron espontáneamente para expresar su opinión sobre la dirigente tory. En Brixton, al sur de Londres, varios centenares de manifestantes festejaron el deceso con latas de cerveza, y entonaron canciones alusivas a su paso por el poder, según publicó la página web del diario The Guardian.

Durante la era Thatcher, hubo dos grandes movilizaciones populares en Brixton. Hoy, muchos expresaron su júbilo al saber que ya no existía la antigua líder neoliberal, y otros se mostraban frustrados ante el hecho de que su legado se mantiene.

Clive Barger, un docente de adultos de 62 años, sintetizó el espíritu de los participantes de la celebración cuando dijo que en este ”momento histórico” falleció ”una de las más viles abominaciones de la historia económica y social”, y agregó que ”[Thatcher] dirigió una guerra de clases”.

En un lenguaje tan grosero como expresivo, el obrero de la construcción Phil Lewis, de 47 años, un veterano de las manifestaciones de 1990 contra el intento de reimponer el medieval impuesto de capitación, afirmó que ”le destrozó el c… a este país y todavía sufrimos las consecuencias”.

El estudiante Ray Thornton, de 28 años, recordó que no todos podían participar de la fiesta, cuando dijo que estaba allí para conmemorar a las ”víctimas” del thatcherismo.

Thornton advirtió que esa tendencia ”no está muerta y es importante que el pueblo salga a las calles para impedir que el gobierno blanquee” la memoria de quien encabezó la destrucción de los acuerdos sociales de posguerra que habían asociado a los sectores humildes a la prosperidad del Reino Unido.

Kiki Madden, desempleada, se declaró algo culpable por su placer al enterarse de la muerte de Thatcher, ”pero no puedo negar que Thatcher me arruinó la niñez a fuerza de tristeza. Crecí en Liverpool, donde los papás de todos mis amigas perdían sus trabajos en el puerto gracias a Thatcher en ese tiempo horrendo”.

Un consejero local del partido laborista twitteó que la fiesta era un acontecimiento desgraciado.

En Glasgow, la capital industrial de Escocia que a principios del siglo XX era la cuarta ciudad de Europa, más de trescientos manifestantes se reunieron espontáneamente en la céntrica plaza George, respondiendo a una convocatoria por Twitter.

Había integrantes de organizaciones de izquierda, pero también ciudadanos sueltos. Todos empezaron a cantar ”Adiós, murió la bruja”, mientras descorchaban champagne para brindar.

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