China, Rusia o EE.UU.: ¿quién construirá el mejor bombardero?

El portal Svobódnaya Pressa ha analizado la situación en este ámbito de la aviación de cada uno de estos países.
China: ¿gato o liebre?

La base de la aviación remota de China es el Hong-6 (H-6) parecido al soviético Tu-16, que estuvo en servicio entre 1954 y 1993.

En la próxima generación el H-6 será sustituido por el bombardero H-20, que actualmente está siendo desarrollado.

El trabajo en este proyecto empezó en el año 2008 en el instituto SADRI, precedido por la elaboración de un concepto de un avión sigiloso, llevado a cabo desde el 2001 por Xian Aircraft Industrial Corporation y Shenyang Aircraft Corporation.

El nuevo bombardero es imprescindible para China, que está desarrollando el sector de portaaviones en su Armada.

El H-6 tiene un alcance de combate de 3.000 kilómetros, por lo que no es apto para apoyar a los portaaviones que se alejen de las costas chinas.  

El H-20 es necesario también como una herramienta de disuasión contra EE.UU. a lo largo de la línea que pasa por Japón, Taiwán y Filipinas.

Además, debe alcanzar la isla de Guam o la India y controlar todas las zonas del mar de la China Meridional.

Poco se sabe sobre el proyecto, que se mantiene en secreto.

Debe ser sigiloso para las defensas aéreas, contar con sistemas de lucha electrónica y portar armas convencionales y nucleares, según una fuente cercana al desarrollo.

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El nuevo bombardero supuestamente tendrá un diseño de ala volante y podría entrar en servicio en el 2025.

Rusia: PAK-DA  

El centro de diseños Túpolev, autor de la mayoría de los bombarderos rusos, viene elaborando el proyecto PAK-DA desde el 2009.

Se espera que esta especie de ala volante con propiedades furtivas sustituya a los Tu-95 y Tu-160 en la próxima década.

El bombardero estratégico será capaz de llevar hasta 30 toneladas de bombas y misiles a una distancia de hasta 12.000 kilómetros.

Se cree que será subsónico, lo que lo distingue de sus predecesores, centrados principalmente en la velocidad.

Entre los potenciales objetivos de los novedosos bombarderos se cree que estarán los portaaviones.

Rusia ha demorado el programa PAK-DA hasta el 2023 para reanudar la construcción de bombarderos estratégicos modernizados Tu-160.

EE.UU.: una pelea por 80.000 millones de dólares

Los estrategas estadounidenses creían que el B-2 Spirit se convertiría en el bombardero del siglo XXI. Northrop Grumman lo construía como una respuesta al soviético Tu-160 y debía darle cien vueltas al portamisiles ruso.

Sin embargo, los diseñadores apostaron por la sigilosidad a velocidades supersónicas, algo que resultó ser prácticamente inútil al darse a conocer que Rusia desarrolló una modificación del sistema antiáereo S-300 capaz de detectar y derribar fácilmente a los B-2 a grandes altitudes.

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Entonces el concepto cambió a favor de una altitud mínima a coste de velocidad, agilidad, autonomía, carga útil, el techo y el empuje, características en las que pierde con su predecesor, el B-1.

Como resultado, se impuso al Tu-160 solo en sigilosidad y en costos, llegando a los 2.000 millones de dólares por unidad.

Es lógico que tras dicho fracaso, aparezca un nuevo programa, el LRS-B (siglas en inglés para ‘bombardero de ataque de largo alcance’), con un presupuesto de 80.000 millones de dólares.

Por ese botín competían varias compañías, siendo los candidatos más fuertes Boeing junto con Lockheed Martin y Northrop Grumman.

El pasado 27 de octubre el Ministerio de Defensa anunció al último como ganador. Se sabe muy poco del hipotético B-3.

Se puede decir con certeza que incorporará características furtivas y que el Pentágono planea comprar un centenar de nuevos aparatos para sustituir a los B-52, B-1 y B-2.

Circulan rumores de que el nuevo avión podría ser no tripulado, aunque la primera serie sí lo será.

Mientras tanto, la semana pasada Boeing y Lockheed Martin elevaron una protesta al Gobierno estadounidense, demandando que se revise la decisión del Pentágono sobre el contratista por estar en desacuerdo con criterios técnicos y financieros del proyecto. 

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