La pelea por el impeachment de la presidenta de Brasil se traslada a Estados Unidos. En un intento de lograr respaldo internacional y denunciar el ”golpe” al que, según el gobierno, está siendo sometida, Dilma Rousseff alteró sus planes y viajará hoy a la sede de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, donde numerosos líderes mundiales firmarán el acuerdo sobre cambio climático alcanzado el año pasado en París.
Luego de que, hace un par de semanas, a raíz de la crisis política había cancelado su participación en el evento, la acorralada Dilma decidió que era mejor exponer su posición al mundo y nada mejor que hacerlo en la tribuna de la ONU, rodeada de los principales líderes del planeta.
La nueva estrategia se hizo necesaria después de que el domingo la Cámara de Diputados aprobó por amplia mayoría abrirle un proceso de juicio político por maquillar las cuentas públicas para esconder el déficit en los últimos años. Ahora, el proceso pasó al Senado, y se espera que alrededor del 12 de mayo los senadores decidan si aceptan o no juzgar a la presidenta; si aceptan el pedido de Diputados, Dilma sería apartada temporalmente de su cargo por hasta 180 días mientras se realiza el juicio.
La salida de la presidenta de Brasil tendrá una consecuencia inmediata indeseada: quien quedará a cargo del país será el vicepresidente Michel Temer, a quien ella acusa de conspirar en su contra. Dilma, del Partido de los Trabajadores (PT), había ya cancelado otros viajes a Washington (para la cumbre de seguridad nuclear) y a Grecia (para el encendido de la antorcha que vendrá a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en agosto) con tal de no cederle ni por un momento el mando del Palacio del Planalto a Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). El vicepresidente quedaría interinamente al frente del gobierno si Dilma fuera apartada por el proceso de impeachment, y luego podría asumir de forma permanente, por el resto del mandato, que termina el 31 de diciembre de 2018, si la presidenta es hallada culpable de los ”crímenes de responsabilidad” que se le imputan.
”Se discutieron mucho las consecuencias del viaje, pero se evaluó que en este momento era mejor hacer uso del foro internacional de la ONU para denunciar el golpe en curso”, señaló un vocero del Planalto que requirió el anonimato. No todos los funcionarios de la presidencia o del Palacio de Itamaraty, la cancillería, concuerdan con la postura oficial de que lo que está ocurriendo en Brasil es un ”golpe institucional”, y el asunto ha generado varios roces internos.
Se espera que mientras esté en Nueva York y hasta que emprenda su regreso a Brasilia, mañana por la noche, Dilma aproveche para reunirse no sólo con otros jefes de Estado y de gobierno, sino también para dar entrevistas a algunos medios que tienen base en la Gran Manzana. Desde la humillante votación en Diputados, la presidenta ha desplegado una fuerte ofensiva mediática con conferencias tanto para la prensa brasileña como para la internacional.
El viaje de la presidenta a Estados Unidos coincidirá con la presencia en Washington de una suerte de emisario de Temer, el senador Aloysio Nunes Ferreira, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Nunes Ferreira se había trasladado a la capital norteamericana para explicar al gobierno de Barack Obama los detalles del proceso de impeachment contra Dilma y rebatir las acusaciones de que se trataría de un ”golpe” contra la mandataria reelegida en octubre de 2014.
”Es un deservicio que ella le presta al país queriendo victimizarse y presentando una visión falsa de la realidad institucional brasileña. Quien comete crímenes tiene que ser punido de acuerdo con las normas y los procedimientos en la ley”, señaló el senador a los diarios brasileños, y agregó que Dilma daba la imagen de que Brasil es una ”república bananera”, alejando así a los inversores.
Por su parte, desde Brasilia, dos de los 11 jueces del Supremo Tribunal Federal (STF), Celso de Mello y Gilmar Mendes, rechazaron la tesis golpista del gobierno, y aclararon que se están siguiendo los pasos institucionales previstos en la Constitución y de acuerdo con el rito definido por la Corte.
”Es un gravísimo equívoco hablar de golpe. Hablar de golpe es una estrategia de defensa. El hecho es que la Cámara de Diputados respetó los cánones establecidos por la Constitución. El procedimiento preliminar instaurado en la Cámara se muestra plenamente compatible con el itinerario que la Constitución traza al respecto y fue ratificado dos veces por decisiones del STF”, señaló De Mello, el más antiguo de los miembros del tribunal.
El gobierno sufrió ayer otro duro revés ayer de parte del STF cuando la Corte postergó su decisión sobre la medida cautelar que ha impedido que el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva asuma como jefe de Gabinete. Bajo sospecha de haberse beneficiado del esquema de corrupción en Petrobras, el ex mandatario había sido designado el mes pasado ministro por Dilma, pero su nominación fue vista como una manera de intentar sacarlo de la jurisdicción ordinaria del juez federal Sergio Moro, quien lleva adelante el caso. El STF señaló que una nueva fecha para la decisión será marcada ”oportunamente”.
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