En una sesión de ánimos caldeados, en la que hubo gritos, protestas y acusaciones de compra de apoyos, la Cámara de Diputados de Brasil rechazó anoche la denuncia por corrupción contra el presidente por el escándalo de sobornos del frigorífico JBS, que amenazaba con sacarlo del poder.

La mayoría de la Cámara baja decidió no aceptar la demanda presentada el mes pasado por la Procuraduría General de la República contra Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Era necesario un respaldo de dos tercios de los diputados (342 de un total de 513) para que la denuncia fuera aprobada, Temer fuese apartado de su cargo por hasta 180 días y juzgado por el Supremo Tribunal Federal.

Para el presidente, que tiene apenas un 5% de popularidad, y se convirtió en el primer jefe de Estado brasileño en ser procesado por corrupción en el ejercicio de su mandato, fue una demostración de fuerza política en medio del enfrentamiento con la justicia y ante las crecientes críticas de la sociedad.

Se trató de la segunda prueba de fuego que este año sorteó el mandatario, luego de que en junio el Tribunal Superior Electoral rechazó, por apenas un voto, una demanda por financiamiento ilegal de la campaña Dilma Rousseff-Michel Temer de 2014.

Ahora quedó en evidencia que el apoyo parlamentario del que aún goza Temer es hoy la principal razón de su supervivencia. Un beneficio con el que no contó el año pasado la presidenta Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), destituida a través de un polémico proceso de impeachment que permitió que Temer, entonces vicepresidente, accediera al comando del Palacio del Planalto.

La larga sesión de ayer estuvo marcada por gritos, acusaciones cruzadas y hasta coloridas protestas de la oposición, que llegó con valijas repletas de dinero falso con el rostro de Temer impreso en los billetes y carteles en los que se leía “¡Fuera, Temer!” e “Investiguen a Temer ya”.

Los opositores sabían que no contaban con respaldo suficiente para aprobar la denuncia, y amenazaron con no dar quórum para que la votación ocurriera, pero sobre el filo de la tarde cada diputado empezó a expresar su voto.

Fue una votación nominal igual a la que cuando en mayo de 2016 se aprobó el distanciamiento de Dilma del poder, apelando a las más variadas causas, aunque con declaraciones más medidas que en la rocambolesca sesión del año pasado. Hubo, de todas maneras, momentos de confusión, forcejeos y hasta un diputado oficialista, Wladimir Costa, que mostró el tatuaje que se había hecho en el brazo con el nombre de Temer y la bandera brasileña, como muestra de su fidelidad al presidente.

Desde el oficialismo, se resaltó que retirar a Temer de la presidencia ahora, justo cuando la economía empieza a recuperarse después de dos años de recesión, significaría sumir a Brasil de nuevo en la inestabilidad e incertidumbre. “Lo que está en juego ahora no es si vamos a condenar o absolver al presidente. Vamos a votar si es razonable apartar al presidente de la República por seis meses en este momento en que el país está de vuelta sobre sus carriles, comenzando a recuperar su credibilidad y la economía”, dijo el líder de la bancada del PMDB, Luiz Felipe Baleia Rossi.

La oposición, encabezada por el PT, acusó al Palacio del Planalto de comprar votos entre los diputados a través de la promesa de cargos y la liberación de fondos públicos para sus distritos. “El gobierno usó la Cámara de Diputados como mostrador de negocios para ganar apoyos”, se quejó Carlos Zarattini, jefe de los petistas en la Cámara baja.

Quien dio la sorpresa durante la discusión fue Ricardo Tripoli, líder de la bancada del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), principal socio del PMDB en la coalición gubernamental. Aunque reconoció que entre las filas socialdemócratas había divisiones, recomendó a sus correligionarios votar a favor de la denuncia.

“Con tanto escándalo y denuncia, el ciudadano está exhausto, desesperanzado y descreído en el país”, subrayó.

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