Bolsonaro, complicado por un caso de corrupción de su hijo: “Si se equivocó, deberá pagar”

El presidente brasileño llegó al poder con consignas anticorrupción y ahora quedó comprometido por una investigación dentro de su propia familia.

En la primera señal de que los escándalos que envuelven a su hijo mayor amenazan con dañar seriamente la imagen de anticorrupción de su gobierno, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, admitió que si las sospechas que pesan sobre Flavio Bolsonaro son comprobadas, el senador electo tendrá que pagar por sus fallas.

“Si por casualidad Flavio erró y eso queda probado, yo lo lamento como padre. Si Flavio erró, tendrá que pagar el precio de esas acciones que no podemos aceptar”, dijo el mandatario en una entrevista con el canal de televisión de la agencia de noticias financieras Bloomberg, en Davos, Suiza, donde Bolsonaro participa del Foro Económico Mundial con el objetivo de recuperar la confianza de la élite internacional en Brasil.

Se trató de la primera referencia específica a las escandalosas revelaciones que en los últimos días tuvieron como eje al mayor de sus hijos, y que comenzaron a desgastar desde temprano a la flamante administración, llegada al poder con las banderas de la lucha contra la corrupción y la transparencia.

Los problemas para Flavio Bolsonaro, de 37 años, comenzaron el mes pasado, cuando el Consejo de Control de Actividades Financieras (Coaf) reveló sospechosos movimientos en la cuenta bancaria de uno de Fabricio Queiroz, exasesor y exchofer del hijo del presidente en su gabinete como diputado estatal en Río de Janeiro.

En 2016, Queiroz, un expolicía militar y amigo de larga data de la familia Bolsonaro, recibió y sacó 1,2 millones de reales (315.000 dólares) de su cuenta pese a que ni su salario ni su patrimonio se condecían con esa cantidad de dinero. Una de las transferencias hechas fue un cheque por 24.000 reales a Michelle Bolsonaro, actual primera dama.

Aunque Queiroz fue llamado a declarar varias veces por el Ministerio Público, que investiga una red de sobornos en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, sus abogados alegaron problemas de salud para que no asistiera a los compromisos judiciales. Luego, la prensa reveló que el exasesor permaneció unos días escondido en la favela Rio das Pedras, en la zona oeste de Río, dominada por el grupo “Oficina del Crimen”, una de las milicias más antiguas de la ciudad, conformada por exagentes de seguridad corruptos.

Ante el silencio de Queiroz y la presión de la prensa, el hasta entonces presidente electo Bolsonaro salió a explicar que el dinero que había recibido su esposa había sido como parte de devolución de un préstamo personal que él le había hecho a Queiroz. Pero del resto del dinero que fue movido, ni él ni su hijo sabían nada. El asunto no acabaría ahí.

El viernes pasado, el noticiero Jornal Nacional, de la cadena Globo, reveló que el Coaf, órgano que combate el lavado de dinero, también había hallado 48 depósitos en efectivo sospechosos en la cuenta de Flavio Bolsonaro, por un valor total de 96.000 reales (US$ 25.000) entre junio y julio de 2017. Para los investigadores, este tipo de movimientos en efectivo -por sumas altas fraccionadas en varios depósitos menores- suelen tener como finalidad ocultar el origen ilícito del dinero.

Tras una larga reunión con su padre en la residencia presidencial del Palacio da Alvorada, en Brasilia, Flavio Bolsonaro señaló que los depósitos los había hecho él mismo tras recibir parte del pago de un departamento que había vendido. Pero las fechas del boleto de compra-venta del inmueble no coincidía con las transacciones, y el senador electo tampoco supo explicar por qué había preferido realizar los numerosos depósitos en un cajero automático en vez de hacerlo por la ventanilla del banco de una sola vez.

Desde entonces, la situación de Flavio Bolsonaro se agravó más, mientras ponía en aprietos al gobierno de su padre, quien en su intención de resaltar el perfil anticorrupción de su gestión nombró como ministro de Justicia y Seguridad Pública al exjuez de la Operación Lava Jato Sergio Moro, hasta ahora en silencio frente al caso. Ayer, tras una operación policial ordenada por el Ministerio Público contra las milicias que actúan en Río, se descubrió que Flavio Bolsonaro mantuvo empleadas en su gabinete de diputado hasta noviembre a la madre y la esposa de Adriano Magalhães da Nóbrega, uno de los líderes del grupo “Oficina del Crimen”.

Adriano Magalhães da Nóbrega, quien se encuentra fugitivo, era buscado en conexión con el asesinato, en marzo último, de la concejala Marielle Franco, del izquierdista Partido Socialismo y Libertad (PSOL). Aunque Magalhães da Nóbrega, un exagente del temido Batallón de Operaciones Policiales Especiales (Bope), llegó a estar preso por su involucramiento en una mafia del juego ilegal, había sido homenajeado en dos ocasiones en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro por el propio Flavio Bolsonaro.

Cada vez más complicado, el hijo del presidente salió a decir ayer que no tenía conocimiento de las actividades ilegales de Magalhães da Nóbrega, y que sus parientes habían sido contratados en su gabinete por su exasesor Fabricio Queiroz. Enfurecido, acusó al Ministerio Público y a la prensa de estar detrás de una “campaña de difamación” con el objetivo de golpear al gobierno de Jair Bolsonaro. Pero ahora, según sus declaraciones al canal de Bloomberg, hasta el mandatario parece dudar de las versiones de su hijo.

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