«La oleada ultranacionalista alcanza ya a muchos gobiernos y constituye una auténtica amenaza para los valores europeos» ha advertido el presidente del Parlamento Europeo, el socialista alemán Martin Schultz, que al mismo tiempo trata de matizar la situación: «No todos los que se expresan contra la UE son euroscépticos, populistas o antisistema. Hay que escucharles con respeto, entender sus problemas y, a partir de ahí, ofrecerles soluciones».

Aunque el elemento más vistoso de esta tendencia es el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), las encuestas muestran claramente que existen fuerzas de orientación similar en toda Europa. Por ahora, el grupo político llamado «La Europa de la Libertad y la Democracia» tiene 32 escaños, sin contar con la docena de eurodiputados que aún son más extremistas y las decenas de los que no quieren ni asociarse en este campo. Después de junio de 2014, es probable que sean muchos más y que tengan, además, una influencia decisiva en un Parlamento Europeo dotado de nuevos poderes.

«No se trata de un ascenso del nacionalismo como dicen de manera despectiva —explicaba en la televisión francesa Florian Phillipot, uno de los más influyentes consejeros de la líder del Frente Nacional francés Marine Le Pen—, se trata del despertar de los pueblos europeos que están hartos de esta Europa que les ignora». En Francia, la experiencia demuestra claramente que el grueso de los seguidores del Frente Nacional viene de la extrema izquierda, de los sectores que se han sentido abandonados por un Partido Socialista cada vez más sofisticado y elitista. Lo que se teme es que en las legislativas parciales y las municipales, muchos conservadores moderados decidan apoyar a un partido que pide la salida de Francia del euro y el cierre de las fronteras.

«Estamos continuamente alentando debates y movilizaciones a favor de la idea europea, nos esforzamos por promover y dar a conocer los derechos de los ciudadanos» dice Pia Ahrenkilde, la portavoz de la Comisión Europea. «El presidente Barroso aprovecha todas las ocasiones para explicar nuestras posiciones, pero las instituciones europeas solas no podemos hacerlo, hay que llevar el debate al ámbito nacional».

Desafección ciudadana

Un reciente estudio publicado por Pew, un «think-thank» norteamericano, ha puesto sobre la mesa la creciente desafección de los ciudadanos hacia la idea europea y los valores fundamentales que la sustentan. Un 77% de los europeos cree que el sistema económico actual favorece a los más ricos y en eso apenas hay distinción entre los países. El 95% de los griegos, el 89% de los españoles, el 86% de los italianos y hasta el 72% de los alemanes creen que el modelo trabaja en contra de sus intereses. La inmensa mayoría (una media del 85%) cree que Europa es esencialmente una máquina de fomentar las desigualdades. En este ambiente, no es de extrañar que el apoyo a la integración europea haya caído más del 15 en el último año, especialmente en los países más tocados por la crisis.

«No todos los que se expresan contra la UE son euroscépticos, populistas o antisistema. Hay que escucharles con respeto, entender sus problemas y, a partir de ahí, ofrecerles soluciones».

El avance del UKIP en las elecciones municipales británicas y la sombra del referéndum sobre la salida del país de la UE pesan como una losa en la política europea. Ahrenkilde insiste: «Este debate lo ha abierto Cameron y nosotros ya hemos dicho lo que pensamos», precisamente porque las instituciones europeas se han puesto siempre en una situación en la que temen que su intervención en una campaña electoral solo serviría para activar a los antieuropeístas.

En el continente, la efervescencia de los nacionalistas no se queda atrás. Tan cerca de las instituciones comunitarias como Bélgica, las elecciones europeas coincidirán con las legislativas nacionales en las que se espera que los nacional-populistas flamencos (NVA) de Bart De Wever consigan un resultado que les permita chantajear al resto del país con la idea de la independencia de Flandes.

Legitimidad democrática

Varios sectores políticos europeos impulsan la discusión sobre la legitimidad democrática de las instituciones y en estos momentos se está gestando la posibilidad de que los grandes partidos europeos se presenten con un candidato propio para la presidencia de la Comisión Europea. De ese modo, la figura del responsable político estaría vinculada directamente al resultado de las elecciones y no a la componenda de los jefes de gobierno de los países miembros.

Rebeca Harms, la portavoz de los Verdes en la Eurocámara, apoya esa legitimación democrática de las instituciones, aunque plantee dificultades para un partido minoritario como el suyo. «La indiferencia o el silencio de los europeístas es lo más preocupante. Uno de nuestros papeles es parar la renacionalización del debate político que es el principal peligro para Europa y para ello necesitamos definir las ofertas concretas de lo que Europa puede hacerpor los ciudadanos», remacha.

Fuente: ABC.es

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