Es una gran aficionada al flamenco, al arte y a los toros y una mujer llena de vitalidad que lleva años siendo perseguida por los paparazi, aunque muy dueña de su vida, pese a quien pese.

La noble casa de Alba de Tormes cuenta con más de siete siglos de historia y es anterior al descubrimiento de América. Sus posesiones inmobiliarias, anteriormente someramente enumeradas en el reparto de la herencia, incluyen algunos de los palacios y castillos más emblemáticos del patrimonio histórico de España, así como una fabulosa colección de obras de arte.

En su biblioteca, de más de 30.000 libros, cuenta con 21 documentos autógrafos de Cristóbal Colón y con la primera Biblia traducida al romance, del año 1430.

Entre las obras de arte que posee destacan sus cuadros. Tiene obras de Tiziano, Rubens, Goya, Murillo, Rivera, Rembrandt, Velázquez, El Greco, Goya, Sorolla, Zuloaga y Picasso.

Además, la Casa de Alba atesora fincas de miles de hectáreas de terreno, reminiscencia de los antiguos señoríos de la Edad Media.
La duquesa, tras la muerte de su padre, Jacobo Fitz-James en 1953, heredó el ducado. El 12 de octubre de 1947 se casó con el ingeniero Pedro Luis Martínez de Irujo, hijo de los duques de Sotomayor, con quien que tuvo sus seis hijos. Tras la muerte de su primer marido, en 1972, volvió a contraer matrimonio con el ex sacerdote jesuita Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate, en 1978 hasta su fallecimiento, que acaeció en el año 2001. Los maridos de la duquesa fueron quienes sentaron las bases para la conservación de su fortuna. Sobre todo, el último esposo, Jesús Aguirre, quien convenció a Cayetana para crear la Fundación Casa de Alba, que se encarga del cuidado y la conservación de sus bienes.

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