Un pequeño lanzamiento sin red al vacío mortal, un gran salto para los derechos de los animales. La popular tradición de arrojar a una cabra desde lo alto del campanario para celebrar las fiestas del pueblo ya tiene sustituto. Su lugar lo ocupa una nueva práctica más cívica y respetuosa con los derechos de los animales.

Desde este mismo año, numerosos pueblos de España celebran su Fiesta anual precipitando a un político corrupto desde el punto más alto de la iglesia. La práctica se realiza con todas las medidas de seguridad pertinentes, por lo que es imposible que una persona resulte herida, excepto el político, que muere con sus tripas esparcidas sobre el asfalto.

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La ley que ha hecho posible este gran avance de la moral colectiva llega tras años de presión de diversas ONGs. Más concretamente, de integrantes del colectivo animalista, vegetariano y, en general, del tipo de personas que se refieren a una masa amorfa de aspecto deprimente compuesta íntegramente por tofu como “hamburguesa”.

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Así lo expresa Aureliño As Cabras, Presidente de una asociación gallega de “Amantes de los Animales”, una expresión que en algunas villas de Galicia se considera “literal”: «Eu penso que debemos detener os abusos contra os pobres animaliños. Elos non tienen a culpiña. Como espexie, hemos chegado a un estadio de desenvolmento suficiente como para exprexar nosta crueldad contra nostos semejantiños».

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La fiesta no termina aquí. Si esta tradición se lleva a cabo sin heridos, exceptuando, por supuesto, al político, se prevé la instauración de más nuevas costumbres, tales como “La Cúpula del Trueno” con jueces prevaricadores, el “Tiro al banquero” o “Los Juegos del hambre” con celíacos.

 

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