Si comes en 10 minutos, deberías empezar a comer despacio

Sea cual sea tu trabajo, seguro que alguna vez lo has hecho, o conoces a alguien que lo hace o incluso puede que forme parte de tu rutina. Comes delante del ordenador cualquier cosa rápida, con suerte te levantas y vas a la cocina para «engullirlo» allí rápidamente. Y en cuanto has terminado, vuelves al trabajo. ¿Por qué ya no nos paramos a comer despacio y con calma en nuestro día a día?

¿Por qué ya no paramos a comer despacio?

Son muchas las excusas que nos obligan a comer deprisa y mal, pero hay que reconocer que podemos evitar todas ellas. ¿Cuál de las siguientes es la tuya?

1. Porque no tienes tiempo

Llamada por aquí. Reunión por allá. Cascada de emails entrando en tu correo. Y tareas que no paran de acumularse. Así, ¿quién puede permitirse parar una o dos horas a comer con calma? Engulles lo más rápido posible y a seguir «levantando el país».

2. Porque vas al gimnasio

En realidad, no esta mal pensado porque ir a primera hora de la mañana implica pegarse un madrugón e ir por la tarde, a última hora, implica el riesgo de acabar la jornada demasiado cansado y que la pereza gane la partida haciendo que nos quedemos en el sofá. Por eso cada vez son más los que emplean su tiempo de almuerzo para ponerse en forma. Solo hay que apuntarse a un gimnasio cercano y ser constante. Hacerlo un hábito, vaya.

El problema viene cuando entre ir, hacer la rutina de ejercicios, pasar por la ducha y volver, no dejamos tiempo para comer. La solución: beber un batido de proteínas o comer un sándwich ligero en el camino de vuelta al trabajo.

3. Porque así sales antes

«Si como delante del ordenador sin parar o uso 10 minutos en lugar de una hora, ¡salgo antes!». Este pensamiento se nos ha pasado a todos por la cabeza alguna vez y no es nada saludable. No paras, no te relajas y comes a toda prisa. Y si te paras a pensarlo, ¿de verdad consigues salir antes?

4. Porque tampoco tienes nada estupendo que comer

Cuando sabes que tienes un tupper esperándote en la nevera que contiene tu plato favorito, aguardas el momento de levantarte para ir a comer como agua de mayo. A mí me sucede cuando tengo pasta a la boloñesa, tortilla de patatas, ñoquis o lentejas.

Desde que guardas esa tartera en el frigorífico a primera hora, no dejas de pensar en ella en toda la mañana. Y es ver que el reloj se acerca a las 14 h. y empezar a salivar. Cuando llega el momento, te deleitas y paladeas cada bocado, tratando de alargar ese momento el máximo posible.

Pero claro, si lo que has traído para comer no te entusiasma o directamente no has traído nada y tienes que salir a comprarlo, el efecto puede ser completamente opuesto. Otra vez sacas un sándwich de la máquina y unas patatas fritas para darle algo de gracia. O te acercas a cualquier tienda y compras lo más sencillo y rápido que ves. Si no te motiva lo que vas a comer, menos te motivará desperdiciar tu tiempo en comerlo tranquilamente.

No comer despacio tiene efectos negativos

Un estudio realizado en 2017 por la Universidad de Hiroshima (Japón) , concluyó tras cinco años de investigación que los individuos que comen más rápido desarrollan síndrome metabólico y aumentan de peso con más facilidad.

Participaron 1083 individuos que no tenían síndrome metabólico al comienzo del experimento y se los dividió en tres grupos, según la velocidad a la que comían normalmente, siendo lenta, normal o rápida.

Cinco años después, el 11,6 % del grupo de las personas que comían rápido desarrollaron síndrome metabólico, mientras que de quienes comían «normal» lo tuvieron un 6,5 % y tan solo un 2,3% de los individuos del grupo más lento. También se asoció con este hecho el aumento de peso que se observó en el grupo más veloz, quienes también mostraron más glucosa en sangre que los demás y la medida de su cintura incrementó.

En la presentación de las conclusiones del estudio ante la Asociación Americana del Corazón, Takayuki Yamaji, el cardiólogo al frente de la investigación, explicó que «cuando las personas comen rápido, tienden a no sentirse llenas y es más probable que coman en exceso. Comer rápido provoca una mayor fluctuación de la glucosa, lo que puede llevar a la resistencia a la insulina«.

Por todo ello y para alejarte del estrés del día a día deberías tomar tu almuerzo con calma. Desconectar durante una hora (o todo lo que puedas) de esa rutina y parar a comer con calma te ayudará a continuar con el trabajo con más ánimo y ganas después, por no hablar de que algo tan simple está ayudando a tu salud y metabolismo. Prepara también platos fáciles pero que te motiven a comer y a deleitarte con lo que tienes delante.

La pereza de cocinar, otra excusa

Cuando hay que preparar un tupper de lunes a viernes, a veces se acaba la imaginación y a veces la pereza de cocinar para el día siguiente nos vence. Por no hablar de que es normal que se nos acaben las ideas.

En cualquier caso, también hablamos de que el tiempo para preparar esa comida podemos emplearlo en cualquier otra cosa que nos motive más que cocinar. Pasa mucho, y hay que reconocerlo.

Si es tu caso, te recomendamos gastar un día en cocinar varios platos y congelar en raciones después. Tan sencillo como sacar la noche anterior el plato que quieres para comer al día siguiente. Te damos 36 recetas fáciles para congelar en raciones: albóndigas, platos de legumbres, lasaña, e incluso algún postre.

Si, aunque lo intentes, acabas de comer mucho antes, puedes salir a dar una pequeña vuelta. Así consumes tu tiempo para parar y estiras las piernas. Si no está siendo tu mejor día, te ayudará también a desconectar y cambiar el chip.

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