Por la Lic. Diana M. Resnicoff


El estrés, es uno de los problemas más frecuentes en los tiempos que corren. Problemas de dinero, grandes responsabilidades, presiones laborales y dificultades familiares, separaciones, el cansancio y el modo de vida acelerado, son situaciones que provocan estrés.

 

Paradójicamente, mientras que, el sexo es la mejor vacuna contra el estrés, el estrés, sería el peor enemigo del sexo. Y esto vale tanto para varones como para mujeres. Entre los trastornos más frecuentes, se encuentran alteraciones en el deseo sexual, eyaculación precoz, problemas de erección, coito doloroso, falta de lubricación vaginal y anorgasmia en la mujer.

 

El estrés, hace que la testosterona (una de las principales hormonas relacionadas con el deseo sexual) descienda, y el nivel de cortisol en sangre, aumenta debilitando consecuentemente las funciones sexuales y reproductivas.

 

Las preocupaciones cotidianas, y una tensión prolongada dañan significativamente el deseo sexual, y esto se manifiesta en falta de ganas (tanto en pareja como en solitario), no se hacen comentarios sobre temas sexuales, no se propone o inicia el contacto, se rechazan propuestas del otro porque la persona realmente se siente cansada, bloqueada o “con la mente en otras cosas más importantes”. Pensemos que entregarse de lleno a una relación sexual, requiere poder centrarse en el aquí y el ahora, aspectos a los que cuesta esfuerzo anclarse cuando se está saturado de problemas en el trabajo o con los hijos. Si la inquietud tiene que ver con conflictos de pareja, para algunos puede ser especialmente difícil apartarlos para vivir el encuentro sexual relajadamente.

 

Pero el estrés no solo afecta al deseo sexual, sino que también otras fases de la respuesta sexual se alteran. En los hombres es fácil que experimenten más dificultad para alcanzar y mantener la erección, y acaben con eyaculación precoz por ansiedad anticipatoria. En las mujeres altos estados de angustia imposibilitan que pueda centrarse en las sensaciones placenteras, disminuyendo la respuesta de excitación y lubricación necesarias, con lo que pueden llegar a sentir dolor en el coito y vaginismo. Todos estos impedimentos predisponen negativamente para el próximo encuentro sexual, produciéndose de este modo un  círculo vicioso.

 

Existe la falsa creencia de que el estrés es algo externo, ajeno e incontrolable a uno, que se irá por sí solo con el tiempo “cuando tenga un mejor trabajo”, “cuando los chicos crezcan”, etc. Esta idea contribuye a instaurar una actitud pasiva con respecto a la falta de deseo generada. Pero lo cierto es que la solución depende de la importancia que cada individuo conceda a su vida sexual. Para los que le otorgan importancia y tienen una buena comunicación con su pareja, es recomendable acudir a una consulta con un terapeuta sexual.

 

Los especialistas recomiendan el sexo como recurso ventajoso no sólo para obtener placer sino salud, pues el orgasmo incrementa los niveles de la hormona oxitocina, la cual revitaliza a la persona, aunque sea de manera temporal. Con la actividad sexual, se eleva el riego sanguíneo y la oxigenación pulmonar, y se producen más endorfinas, hormonas que mejoran el estado anímico. Además, el sexo tiene efectos relajantes, favoreciendo un buen dormir. Y no se trata solo de coito, sino de abrazos, caricias, besos y el despliegue de todos y cada uno de nuestros sentidos.

 

Algunas pautas que pueden ayudarte son:


Aprender a respirar abdominalmente, expandiendo bien la zona del diafragma para controlar el pulso cardíaco y aliviar la tensión muscular.

 

Compartir una ducha o baño de agua caliente con la pareja puede ser una buena manera de iniciar el contacto sexual sin presión. Es importante sentir que se elige un momento y un lugar de intimidad, sin interrupciones ni prisas.

 

Un masaje con aceites puede contribuir y mucho, a focalizarse con los sentidos en las sensaciones y a desinhibirse.

 

Establecer prioridades claras. Aunque las ocupaciones no dependan siempre de uno, es importante dedicar una hora a la semana al menos a la pareja, poder desconectar y adoptar el compromiso de no hablar durante esos instantes de los problemas y/o tareas habituales. Fuente: minutouno.com

 

Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.

 

TE: (54-11) 4831-2910

E-mail: dresni@gmail.com

Página Web: www.e-sexualidad.com


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