Según la lógica de este científico, la monogamia es una consecuencia del desarrollo evolutivo: la promiscuidad sexual era la regla en las sociedades primitivas, por la necesidad urgente de conservar la especie, mientras las sociedades más evolucionadas, en las que hay menos mortalidad, tienden a la exclusividad sexual. El hombre más inteligente es el que tiene la capacidad de superar los comportamientos atávicos, y asumir nuevas conductas. En otras palabras, un hombre con varias parejas sexuales es ”menos evolucionado”, al contrario de lo que sostienen los poliamorosos.

Las conclusiones de Kanazawa son el resultado del análisis de dos importantes bases estadísticas estadounidenses en las que se encuestó a miles de varones, adolescentes y adultos, sobre sus actitudes sociales. Del mismo estudio se colige que mientras más inteligente es la persona, es menos probable que crea en Dios o que tenga un punto de vista político conservador. De hecho, entre los adultos jóvenes americanos, los que se consideran ”muy conservadores” tenían un promedio de Cociente Intelectual (CI) de 95; los muy liberales, de 106. Y en cuanto a los no religiosos, su CI promedio fue de 103; el de los creyentes, de 97.

Curiosamente, los resultados sobre infidelidad no aplican para las mujeres. No hay conexión entre el CI y la fidelidad debido a que la mujer, desde tiempos remotos, ha asumido un rol social que suele implicar exclusividad de pareja.

Fuente: Lunas Azules

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