Por: Bernardo Stamateas

Una de las fantasías que tenemos es que va a llegar el día del inicio de las vacaciones y nos vamos a poder desconectar. Sin embargo, llega ese día y sentimos que algo nos falta, la ansiedad nos invade y no nos sentimos cómodos en la reposera. Los seres humanos no podemos ”resetearnos” como computadoras; necesitamos nuestros tiempos para relajarnos y para ir desconectando de a poco, y eso lleva tiempo.

Nos quejamos de que trabajamos a full y desvalorizamos a los que se relajan porque sentimos que eso es sinónimo de vagancia.
Muchas veces no paramos porque no queremos encontrarnos con nosotros mismos –o con nuestra pareja– o tenemos cuestiones sin resolver, entonces nos ocupamos el 100% del tiempo en actividades demandantes.

Relajarse es un derecho: lo merecemos hayamos llegado o no a los objetivos, sin culpa. Durante el año no hay que esperar determinadas fechas para desconectarse; debemos aprender a hacer pausas y cortes para no vivir colapsados todo el año. Cuando llegue el momento de descansar, desconectemos no sólo el teléfono y la computadora sino también nuestra mente, haciendo actividades que nos recompensen tanto psicológica como físicamente, dos aliados indispensables.

Columna publicada en Tiempo Argentino

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