No hay duda que son prácticas y ricas pero, ¿sabés qué estás consumiendo?

La deshidratación es una buena técnica para la conservación de alimentos y para la preparación de platos de dieta cruda. Pero la sopa instantánea no es simplemente una sopa deshidratada: es un cóctel de aditivos de peligrosidad inusual reconocidos en la etiqueta.

Lo que ninguna marca consigna es el porcentaje de verdura deshidratada. Un estudio de 2009 del Jonsson Comprehensive Cancer Center de Estados Unidos demostró que las nanopartículas del dióxido de titanio (E171) causan daño genético sistémico en ratones y se acumulan en diversos órganos porque el cuerpo no sabe eliminarlas. Mientras se chequea el impacto en seres humanos, colorea todas las sopas blancas.

Además, las sopas que se proponen como light usan cloruro de potasio E508I como gelificante, pese a los informes que advierten que en dosis altas puede provocar úlceras intestinales, vómitos, diarrea, debilidad, conmoción y hemorragias. En dosis bajas, “solo” problemas digestivos.

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En todas las sopas instantáneas disponibles aparece el glutamato monosódico, un componente muy cuestionado por la ciencia, ya que ataca el sistema nervioso central. Pero claro, es muy defendido por la industria: se trata de un potenciador de sabor que enmascara las deficiencias de calidad de un producto ultraprocesado.

Combinado en casi todos los casos con el inosinato disódico o E631, estos aditivos alteran el mecanismo de regulación del apetito. Por eso, no podés parar de comer las cosas que los contienen.

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¿Alternativas? Una fácil: Poné a remojar una taza de garbanzos durante al menos seis horas. Después metelos en una olla junto con tres zanahorias grandes, una batata y una cebolla, todo troceado a gusto. Cubrí todo con agua y hervilo suave durante una hora o hasta que los garbanzos estén blanditos. Procesalo o licualo y condimentá a gusto con sal, pimienta y jengibre.

Una más fácil: Comprá la bandejita de verduras cortadas en la verdulería. Ponelas en una ollita y tapalas con agua. Cuando rompa el hervor, agregale sal a gusto y dos cucharadas de avena arrollada. Dejá que hierva dos o tres minutos. Y listo. Podés procesarla para que quede cremosa y sofisticarla agregándole cebolla frita, curry, un chorro de leche de coco o crema de leche.

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Fuente: La Nación

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