Qué debemos hacer para tratar este problema y aliviar los síntomas

Las intoxicaciones alimentarias suelen ser mucho más comunes de lo que la mayoría de las personas creen. Según varios expertos en el tema, hay dos razones principales por las que la presencia de organismos microbióticos se acumulan con mayor facilidad en los alimentos.

Una de ellas se debe a que las bacterias requieren de ciertas condiciones ambientales para prosperar mejor, es decir, para vivir y reproducirse de forma más fácil. El clima, específicamente, la humedad y temperaturas que oscilan entre los 36 y 37 grados propician a que estos diminutos especímenes puedan proliferar sin tanto esfuerzo.

La segunda razón se debe a que el aumento de las bacterias en el agua y el aire, propician a una mayor propagación de las mismas en los alimentos. Claro que, si tenemos en cuenta que la incidencia a comer fuera de casa donde las medidas de sanidad no suelen ser tan rigurosas como en casa, es entonces que se provoca una cantidad más alta de intoxicaciones que pueden pasar una alta factura a la salud si no se toman las medidas adecuadas para combatirlas.

Síntomas de una intoxicación alimentaria

La gravedad de una intoxicación y los síntomas que aparecen con la patología dependen mucho de la cantidad de alimento contaminado que se consume. Así mismo, si la persona tiene un mal estado de salud o deficiencia de nutrientes debido al excesivo consumo de comida chatarra, entonces es probable que se experimenten síntomas más fuertes que no pueden pasar por alto. De igual manera, el organismo que provoca la enfermedad influye demasiado a la hora de mostrar el cuadro de síntomas en el afectado.

Por lo general, estos síntomas comienzan a aparecer entre 2 y 6 horas después de la ingesta de comida contaminada. Entre los más habituales podemos destacar: el dolor de estómago, vómitos, diarrea, cansancio y fatiga, dolor de cabeza e incluso calambres abdominales y fiebre. Cuando no hay un suficiente abasto de líquidos, el cuerpo puede llegar a deshidratarse, por lo que ante los primeros indicios de diarrea o vómitos se debe contar sí o sí con mucha agua o electrolitos orales para contrarrestar este efecto secundario que sólo empeora la magnitud de los síntomas.

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Las mujeres embarazadas, niños, adultos de la tercera edad y aquellos que tienen deficiencias nutricionales son los que más atención deberían prestar a lo que comen, ya que son más susceptibles a experimentar los síntomas con más fuerza.

Tratamiento

Cuando la intoxicación es leve, podemos demorar hasta dos o tres días con los síntomas, siendo este el tiempo que le toma al cuerpo eliminar los alimentos causantes por completo. No obstante, dependiendo del malestar de las personas será necesario consultar con el médico, independientemente de si ya han pasado más las 48 horas mínimas o no.

Además de ello, hay que prestar atención a todo lo que se come posteriormente a la intoxicación, ya que algunos alimentos, contaminados o no, pueden propiciar a que la enfermedad empeore al punto de causar la muerte de la persona afectada. Sin embargo, esto sólo ocurre en casos aislados, aunque nunca está demás prevenir.

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Algunas de las formas más efectivas para tratar las intoxicaciones alimentarias, aliviando los síntomas que aparecen, son:

  • Beber grandes cantidades de agua: Esto se hace con el principal motivo de evitar la deshidratación. En este caso podemos beber zumos de fruta que además de mantenernos hidratados también nos ayudarán a recibir nutrientes que probable no podamos consumir con alimentos sólidos debido al malestar que muchas veces ocasiona la falta de apetito. El agua también es una excelente opción, al igual que los electrolitos orales y las bebidas deportivas.
  • Evitar el consumo excesivo de alimentos: Aunque muchas personas tienden a perder el apetito una vez han sido intoxicados, también es cierto que conforme van pasando los síntomas y el cuerpo se va sintiendo mejor, la ansiedad por comer vuelve antes de darnos cuenta de que no es la mejor manera de sobrellevar la enfermedad. Por esa razón, a medida que nos vayamos recuperando debemos ir introduciendo los alimentos que normalmente consumimos de forma gradual, centrándonos en el consumo de ciertas comidas como los cereales refinados que aunque no son los mejores para cuidar la figura, sí que son más fáciles de digerir. Las frutas como las manzanas y plátanos, carnes magras y verduras como el apio, también son altamente recomendadas. Contrario a ello, debemos evitar alimentos ricos en grasas y azúcares, lácteos, el café, alcohol y tabaco. Quien sabe, quizás esta sea la oportunidad perfecta para dejar de depender de estos productos nocivos para la salud.
  • Cuando las personas infectadas son bebés, niños, adultos o mujeres embarazadas debemos seguir ciertos cuidados especiales, ya que estos tienen una mayor susceptibilidad a la deshidratación debido a los vómitos y diarreas. Ante estos casos lo mejor es acudir con el médico especialista para tomar las medidas necesarias, evitando que el cuadro de enfermedad empeore.

Fuente: Mi piel sana

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