Que alimentos hacen más lento el metabolismo

El primer cuestionamiento a las dietas estándar o de moda -con un menú establecido, recuento de calorías, alimentos con luz roja y otras estrategias más que conocidas- es la dificultad para seguirlas, cumplirlas y sostenerlas en el tiempo.

Sin embargo, los motivos de su fracaso van más allá y tienen que ver con los cambios en el metabolismo -que es el conjunto de reacciones químicas para convertir los alimentos en energía y que implican el gasto calórico- que hacen más difícil bajar de peso, que es en definitiva el objetivo buscado.

“Hay muy pocas cuestiones que aceleran el metabolismo. Las dietas que promueven este concepto son híper proteicas -las más extremas incluyen un 30 por ciento de estos nutrientes- y sólo están indicadas para personas jóvenes, chequeadas clínicamente y durante períodos cortos. El problema es la generalización y la extensión a largo plazo”, resume la doctora Mónica Katz, médica especialista en nutrición y presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición. Además, la adherencia y permanencia (es decir, la facilidad para sostenerlas) es muy difícil y no apuntan a un cambio de hábitos, que es lo que llevará a un peso saludable.

Por otro lado, “la evidencia científica sí demuestra que las dietas restrictivas en calorías o en placer -comer diferente a lo que a cada uno le encante- hacen más lento este proceso de gasto energético”, completa Katz.

En esto, la función de las hormonas es fundamental. Los expertos consultados explican las razones.

El apetito, en alza
La hormona relacionada es la ghrelina. «Esta aumenta cuando las ingestas son más reducidas y disminuye después de comer. El motivo es que el cerebro no sabe que la persona está haciendo dieta, «cree» que no comió porque no hay alimento, entonces activará sus mecanismos de supervivencia. Las concentraciones altas y constantes de ghrelina no sólo influyen en el aumento de la ingesta, sino que también reducen el consumo de energía y la disminución de la utilización de las grasas”, explica la licenciada en nutrición Agustina Murcho, especialista en trastornos alimenticios.

“Es una hormona tremenda, la llamo la Cruella de Vil. Por eso, no comer es tentar al diablo para ganar peso nuevamente”, completa Katz.

Alertas de saciedad, en baja
En este caso, “actúa la leptina, una sustancia segregada por las células grasas. Al pasar hambre y con los ayunos disminuye, para que vayamos a buscar más alimentos. La consecuencia extra es que hará más difícil eliminar grasa”, dice Murcho.

Los famosos mecanismos del estrés: “Las prohibiciones, la exigencia y el entrenamiento desmedido aumentan los niveles de cortisol, relacionada con la tensión nerviosa, que hace que el metabolismo enlentezca y también que se bloquee la ruptura de células de grasa”, agrega.

Menos felicidad
“La serotonina, relacionada con el bienestar y la satisfacción, es muy interesante para el control de peso. Porque ayuda a control de saciedad, al manejo de los impulsos y al buen humor, que es fundamental para encarar un cambio de hábitos”, comenta Katz.

El camino, entonces, es pensar en un peso posible, no demonizar ningún alimento, armar porciones a medida, consumir pequeñas dosis de lo que más nos tienta y ¡moverse muchísimo más!

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