¿Por qué Francia quiere prohibir el glifosato?

A estas alturas ¿quién no ha oído hablar del glifosato y el herbicida RoundUp de Monsanto? Defendido a capa y espada por algunos y demonizado hasta la saciedad por otros, lo cierto es que el debate sigue abierto. Por su parte, la gran mayoría de la comunidad científica se posiciona a un lado claro del campo de batalla. Algunas otras voces, sin embargo, tratan de levantar alarma sobre los peligros de esta sustancia. ¿Tienen razones para hacerlo? Vamos a atrevernos a entrar en un mundo que levanta más de una ampolla y explicar lo que sabemos.

Francia contra el glifosato

Hace muy poco escuchábamos a la ministra francesa de Ecología, Ségolène Royal confirmar que Francia retirará el permiso de venta comercial para jardinería a los productos con glifosato. Aunque no ha dado más detalles, por el momento, se espera que la decisión solo afecte a la venta de productos para jardín y no para agricultura profesional. Esta acción estaría enmarcada dentro del plan Ecophyto II francés y habría venido tras la petición popular de prevenir el uso común del glifosato entre la población. Esta petición provendría de la categorización del producto dentro del grupo 2A en el catálogo del IARC por parte de la OMS. De hecho, esta clasificación ya dio que hablar hace unos meses. Eso sí, es importante saber bucear entre los hechos y declaraciones para entender qué está pasando. A simple vista, parece que el que un gobierno prohiba su venta comercial para jardines es un aval de su inseguridad. Pero vamos a mirarlo más de cerca.

Con esta argumentación no vamos a defender el uso o no del glifosato, sino a tratar de entender al gobierno francés. Por suerte, este es uno de los gobiernos que más y mejor escuchan a sus ciudadanos, quienes llevan demostrando desde hace décadas que tienen una opinión propia que ha de ser escuchada. La moción de censura contra el glifosato, de hecho, es un ejemplo. Pero ahora veamos: en primer lugar, la moción es sólo par venta en jardines, que es menos del 20% del uso del glifosato. No para uso comercial agronómico, un paisaje que es más difícil de apreciar por los usuarios. Eso debería decirnos algo. Por otro lado, la categorización del IARC, colocándolo como un producto con ”probables consecuencias carcinogénicas” para el ser humano elevan al glifosato al cuarto estatus de seguridad, por debajo tan solo uno.

Eso quiere decir que es, según el IARC, podría tener consecuencias adversas en ciertas circunstancias concretas (recordemos que el IARC se basa en el principio de precaución). Para que nos hagamos una idea, la hierba mate, típica de algunos países de Latinoamérica, está catalogada en el mismo grupo. El café, sin embargo, está catalogado dentro del grupo 2B (un nivel menos de seguridad). El humo procedente de la quema de la gasolina diesel de los coches, por ejemplo, está catalogado dentro de la categoría 1, es decir, probadamente cancerígeno. Y sin embargo los coches siguen estando ahí. Con esto hay que entender que el IARC hace una serie de recomendaciones basadas en estudios, pero no toma decisiones legislativas. Otro detalle importante es que todavía no se ha expuesto el informe completo sobre el glifosato por parte del IARC.

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¿Qué sabemos sobre el glifosato?

El debate existente se vive principalmente desde dos posiciones: quién dice que el glifosato es malo para la salud y la agricultura; y quién explica que es inocuo en su conjunto. El glifosato es un herbicida de amplio espectro, es decir, usado para matar muchos tipos de plantas sin ser demasiado selectivo, por lo que se usa contra las malas hierbas. Se absorbe por las hojas y actúa en la ruta del shikimato (es una compleja vía metabólica común que usan las plantas para formar compuestos secundarios y otras cosas que necesitan). Los animales no tenemos esta ruta ni la necesitamos. Por eso mismo, es un herbicida teóricamente inocuo para otros seres vivos que no sean plantas. La multinacional Monsanto patentó hace muchos años su herbicida RoundUp junto con una variedad de soja transgénica resistente a este herbicida. Sin embargo, hace ya 15 años que Monsanto no tiene la patente del glifosato, el cual se puede adquirir en casi cualquier lado como herbicida común. Es más, aunque en Europa no se usa la soja ”RoundUp” ready, transgénica, Varios estudios financiados por Monsanto fueron retractados por su falsedadel glifosato se sigue empleando como un herbicida de uso común para todo tipo de plantas, teniendo muy poco que ver con los transgénicos.

En su momento, varios estudios promovidos por Monsanto fueron desestimados (y un laboratorio condenado) por mala praxis e intereses. Por su parte, La EFSA, la FDA y la OMS catalogan el glifosato como un producto de baja toxicidad para el uso al que se le tiene estipulado. Es decir, según estas organizaciones, que son los referentes sobre nuestra seguridad alimentaria y salud, el glifosato es seguro siempre que sigamos usándolo con las plantas como hasta ahora. Algunos estudios muestran que, efectivamente, el glifosato puede permanecer en restos traza, es decir, en pequeñísimas cantidades, ínfimas, en los vegetales que comemos. Pero, como dicen las agencias anteriores, estos restos son, según los estudios, inocuos. No obstante, existen varios estudios, no muchos en comparación, como el de Séralini o el de Carrasco, que indican que ante ciertas concentraciones de glifosato, éste puede resultar terriblemente tóxico. También hay algunos estudios que enlazan a pequeñas cantidades del producto con la mutación de los linfocitos propios de nuestro sistema inmune.

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La controversia se sirve en plato frío

Sin embargo, tanto el artículo de Séralini como el de Carrasco han sido refutados. De hecho, el de Séralini fue retractado, y Séralini, junto a su equipo, criticado por un estudio mal hecho y manifiestamente falso. En el caso de Carrasco, o el anterior sobre el sistema inmune, los datos no son nada concluyentes, habiendo problemas de metodología o muestra, por lo que terminan por no significar nada desde el punto de vista científico. De hecho, algunas pruebas realizadas en el laboratorio, muestran que el glifosato tiene una dosis semi letal (DL50) menor que la de la cafeína, por ejemplo, lo que quiere decir que a igual cantidad, moriríamos antes por café que por glifosato. Con esto, solo quiero poner de manifiesto que en la dosis está el secreto, ya que todos los días nos exponemos a agentes terriblemente mortales sin sufrir ni un ápice. Es más, algunos de estos agente son en realidad sustancias que nos permiten vivir (medicamentos y alimentos, por ejemplo).

Las principales agencias de salud declaran terminantemente que su uso es seguroExisten, de hecho, otros herbicidas aún más tóxicos y de uso común, de los cuales se van retirando a medida que se encuentran las evidencias necesarias. Estas mismas evidencias, buscadas sobre el glifosato, han conseguido elevar su categoría al grupo 2A en IARC, un panel de recomendaciones en el que se encuentran otros productos de uso mundano. Pero no ha conseguido que el consenso científico vea ningún riesgo importante.

La única legislación en contra, la francesa, más parece surgida del miedo que de la evidencia, la verdad. Una medida más para contentar que para hacer frente a un peligro real. O si no, ¿por qué no retirarlo del campo, que es dónde realmente se usa de forma masiva? En definitiva, aunque el debate sigue estando ahí, parece estar más sujeto a cuestiones socioeconómicas (como las políticas agrarias, el uso de monocultivos, la polémica social del fraude de los laboratorios por ambas partes) que a una cuestión científica. Por ahora no hay ninguna evidencia fuerte que nos indique que debamos preocuparnos por el glifosato. Así que más vale enfrentarse a la controversia desde la frialdad y la calma. Solo así podremos discernir con claridad entre los hechos y las opiniones.

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