La relación sexual no sólo se produce entre dos personas sino también en los límites de un espacio físico y de un tiempo0020que, por regla general, suele ser breve.

 

El apuro quizá resulte comprensible en una pareja de adolescentes, apremiados por el frenesí y la falta de experiencia, pero muchos adultos atraviesan el acto sexual con el reloj puesto olvidando que la sexualidad requiere que se le dedique tiempo para poder ”sintonizarse” el uno con el otro. Si buscamos el crecimiento de nuestra sexualidad explorando todas las posibilidades que ésta nos ofrece, debemos concederle tiempo.

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Muchas veces, para que una caricia en los genitales sea tan efectiva como teóricamente suponemos que debe ser, es preciso un tiempo previo ocupado con otras caricias que pongan esa zona, fisiológica y psicológicamente en condiciones de recibir y responder. La expectativa también acrecienta las sensaciones. ¿Cuánto más podemos vibrar si sabemos que nuestro compañero está llegando lenta, placenteramente hacia el lugar donde más deseamos sentir su mano?

El tiempo que la pareja se toma para llegar a amarse, a reconocerse, a reencontrarse es vital para mantener encendido el deseo. Es tiempo dedicado a uno, y es un momento muy necesario – como los minutos y horas de conversación o de silencio – para desplegar el ritual erótico.

 

¿Cuánto tiempo hace que no se toman un rato para estar solos, sin hijos ni amigos? ¿Cuánto tiempo le dedican al placer, no sólo al placer sexual, sino al de los momentos disfrutados juntos, conversando o en silencio, en el lugar de siempre o en uno distinto? Cuando mira a su pareja ¿Ve las cosas de él / ella que lo / la enamoraron en primer lugar, o sólo ve lo criticable? ¿Se permite decirle al otro lo que en él es lindo, atractivo, bueno? ¿Intenta darle a su pareja eso mismo que le reclama?

Códigos Amorosos
La gente se puede comunicar de muchas formas. Todos conocemos situaciones de la vida diaria en las cuales una mirada o una expresión del rostro comunican sentimientos de placer, desaprobación, asombro o enojo. Por ejemplo, una mujer a la que le besan o acarician los pechos, puede decir “Me duele el pezón, acaríciame alrededor” o bien puede tomar la mano de su compañero y guiarla de modo que él la acaricie de la forma más placentera para ella.

Llegar a comunicarse de manera que cada uno aprenda del otro y pueda responder a sus deseos asegura que cada experiencia sexual sea única y espontánea. Aprender a decir qué se quiere evita caer en la rutina de repetir cada vez lo mismo, lo cual disminuye la posibilidad de ampliar la experiencia. Las formas verbales de comunicación son tan importantes como las no verbales, si bien manejarse sólo con una de ellas puede traer sus inconvenientes.

A veces, la no comprensión de un gesto nuestro por parte del otro, requiere la ayuda de la comunicación verbal.

Carmen (32 años): ”Hacía poco que salía con J. Me gustaba que me besara el cuello y para expresárselo, le besé yo el suyo. Pero me llevé una gran sorpresa porque J. dejó de besarme; cuando le pregunté por qué no lo hacía más descubrí que él odiaba que le besaran su cuello y que había intentado comunicármelo no besándomelo”.

Hacerle a nuestro compañero lo que nos gustaría que él nos hiciera a nosotras es algo natural. Sin embargo, esta mujer descubrió que cuanto más besaba el cuello de su compañero, menos besaba él el suyo.

En otros casos la información necesaria no se puede transmitir sólo a través de las palabras.

Verónica (29 años): ”Necesitaba que me acariciaran intensamente el clítoris para llegar al orgasmo pero por más que intentaba describirle esto a M. con todos los detalles posibles, él no me tocaba exactamente como me gustaba, y esto nos ponía mal a los dos. Un día comencé a tocarme yo misma delante suyo mientras le mostraba cómo me gustaba que me estimulen el clítoris”.

Por más que él esté alerta, muchas veces los signos o las pistas que le doy no son claros ni suficientes. Y, al no ser explícita quedo en una situación de dependencia con respecto a la otra persona, porque constantemente estoy pendiente de que se cumplan las cosas que quiero. En el lenguaje del sexo es muy importante ser entendido. No cualquier tipo excitación y no cualquier estímulo nos lleva a las situaciones que queremos. Para mantener un diálogo amoroso es básico que cada uno sepa exactamente qué es lo que le gusta al otro, qué quiere el otro.

Es un error pensar que aún si no decimos qué es lo que queremos recibir, vamos a recibirlo igual, simplemente porque la otra persona nos quiere. Nadie puede adivinar el pensamiento del otro. Es típica la frase: ”si él me quisiera, seguro que se daría cuenta de qué es lo que yo necesito”. Todas lo sentimos así alguna vez. Pero el cariño, si bien es un elemento importante, no asegura la comunicación ni la posibilidad de que el otro sepa lo que estoy necesitando. Nadie puede dar un orgasmo a nadie.

La pareja debe compartir la responsabilidad de que sus contactos sexuales sean tan gratificantes como sea posible. Y compartir pone en juego la comunicación y la confianza; confianza que permite que cada uno comunique, verbal o no verbalmente, qué siente y qué le gustaría y es esa misma confianza la que permitirá a ambos sentirse libres para concentrarse realmente en el propio placer.

Lic. Diana M. Resnicoff
Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.
TE: (54-11)4831-2910
E-mail: dresni@gmail.com
Página Web: www.e-sexualidad.com

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