Los hábitos posturales que se adquieren en la niñez pueden aportar al desarrollo armónico y saludable de nuestro cuerpo o, por el contrario, obstaculizarlo. Esto se debe a que la cantidad de horas que los chicos pasan sentados en la escuela tiene fuertes implicancias en cómo se estructura la columna vertebral y, en algunos casos, produce patologías que aparecen luego, en trabajadores jóvenes. Estas consecuencias son las que analizaron Roxana Del Rosso, Diseñadora Industrial y Ergónoma, y un equipo de investigadores de la UNCuyo para quienes la silla y el pupitre en el aula intervienen no sólo en el proceso de aprendizaje de niños, niñas y adolescentes, sino también en su futura vida adulta.

El ángulo entre asiento y respaldo, la curvatura del asiento, la altura y forma del respaldo, los caños expuestos en contacto con el cuerpo y los remaches son desventajas que se pueden encontrar en el mobiliario escolar tradicional e inducen a los chicos posturas inconvenientes, como tronco inclinado hacia el frente, compresión en piernas y abdomen, disminución de irrigación sanguínea y menor oxigenación del cerebro y los tejidos.

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“En primer lugar relevamos los aspectos técnicos, constructivos, dimensionales y formales del mobiliario. Además, realizamos observaciones y relevamientos fotográficos, analizando y evaluando las posturas de los alumnos en el uso del mobiliario. Aquí hallamos un gran desfasaje entre el tamaño de sillas y pupitres y las dimensiones corporales de los niños”, explica Del Rosso.

Estos datos llevaron al equipo de investigadores a estudiar toda la normativa técnica y legal respecto a las condiciones que debe cumplir el equipamiento escolar a nivel provincial y nacional. Aspecto que completaron con un relevamiento antropométrico infantil en dos escuelas de nuestra provincia.

“Esto es fundamental para el diseño del mobiliario, sobre todo para establecer tramos entre las medidas del estudiante más grande y el más pequeño”, afirma la diseñadora.

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Lo que proponen los investigadores es aumentar el ángulo entre tronco y muslo para que las piernas formen un ángulo mayor a 90 grados. Esto requiere un cambio en el diseño de las sillas para que sea más elevado el asiento, es decir, menos profundo y permita buen apoyo de los huesos de la pelvis (que se llaman isquiones) y que el muslo, rodillas y tobillos mantengan un ángulo mayor a 90 grados. Además, al apoyar los pies firmes en el piso, se lograría que tengan más carga las piernas que la que tiene la postura sedente convencional y que no recargue la curvatura lumbar, ni la modifique.

La columna tiene una curva cóncava que se llama lordosis. Cuando nosotros nos sentamos la pelvis bascula y se rectifica. Esto hace que la presión interdiscal, que son los discos que están entre las vértebras y amortiguan la compresión, se presionen en forma irregular y propicien el desarrollo de hernias o patologías de discos , que luego tienen impacto en la vida adulta. “Esto se vería compensado si uno permaneciera sentado menos tiempo o si hiciera mucho más actividad física, entonces los músculos van compensando este aspecto postural. El problema que nos encontramos es que en la actualidad tanto los niños como los adultos llevamos una vida predominantemente sendentaria”, agrega Del Rosso.

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La intención es aplicar el conocimiento adquirido. “Ahora lo que buscamios es que estos resultados sean atendidos en políticas públicas. Sobre todo este nuevo paradigma, que intenta mejorar la postura, porque baja el nivel de tensión muscular”, concluyó Rosso. /Fuente: Prensa UNCuyo.

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