Uno de sus beneficios más comunes se remonta a la antigua China, donde durante años ha sido usada para limpiar los riñones y el hígado. Gracias a su alto contenido de fibra, ayuda a nuestro organismo a eliminar sustancias nocivas y además controla los niveles de glucosa y ácidos grasos en la sangre.

Esta fruta contiene una gran concentración de vitamina C, lo cual la convierte en un excelente antioxidante y a su vez anticancerígeno. Además son ricas en potasio, fósforo, magnesio y un sinnúmero de vitaminas.

Si el color vibrante de la frambuesa te gusta, te gustará más saber que esconde la clave para una mejor salud ocular. Los dos carotenoides responsables por su color son conocidos cómo: luteína y zeaxantina, los cuales protegen a nuestros ojos ayudándonos a prevenir degeneración de tejidos.

Otro de los increíbles aportes es su propiedad termogénica; lo cuál significa que su consumo aumenta la temperatura del organismo y nos ayuda a quemar grasas de forma natural y segura.
De hecho, muchas dietas detox recomiendan el enriquecer los ocho vasos de agua que debemos tomar al día con unas cuantas frambuesas. Las cuales no solo nos ayudan a darle sabor de forma natural al agua sino, que aceleran la lipólisis.

Para sacarle el mayor provecho a esta fruta, es importante intentar que provengan de una fuente orgánica. Igualmente, son un producto muy perecedero, así que te recomiendo el mantenerles en la nevera, de ser posible en un recipiente con cierre hermético.

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