El sexo como un sustituto de la intimidad psicológica probablemente funciona durante la temprana edad adulta, pero a medida que los hombres y las mujeres llegan a la mitad de su vida, necesitan mejores condiciones psicológicas para hacer el amor de modo tal de obtener satisfacción tanto física como psicológica, y las mejores condiciones psicológicas se logran estableciendo y restableciendo la intimidad psicológica.

El desgaste del erotismo durante el matrimonio, particularmente a medida que la pareja envejece, se halla aparentemente tan extendido en nuestra sociedad que, comúnmente, es considerado normal. ”El sexo es para los jóvenes y tiene mucho que ver con las hormonas de los adolescentes”, ”uno se interesa menos por el sexo a medida que envejece”, ”luego de un tiempo de matrimonio, sólo sucede en la novela y romance”, ”estoy sólo pasando ”la crisis de los siete años”, ”uno no se interesa tanto por el sexo al madurar”, son frases de circulación común dentro de nuestra sociedad.

Es necesario elegir la intimidad deseada, mostrando afecto e interés hacia el otro, sabiendo cómo ayudarlo, qué es lo que le agrada, cómo hacer frente a un enojo, qué tipo de actitudes le relajan, qué frases le ayudan cuando está preocupado, etc. Manifestar también, de modo activo, nuestros propios deseos y frustraciones facilita el progreso de la relación. Todo esto se aprende y en general casi nunca es tarde.

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Miedo a la intimidad
El miedo a la intimidad, está sumamente difundido en nuestra sociedad y puede producir problemas que van más allá de las disfunciones sexuales. Los individuos que sufren este temor, se quejan por sentirse solos y, conscientemente se esfuerzan por lograr el acercamiento. Pero en realidad se sienten verdaderamente angustiados ante la idea de una relación íntima debido al miedo a ser rechazados o a perder el control de la situación. Otros, temen la intimidad como consecuencia de su baja autoestima, sintiendo no tener nada valioso para ofrecer al otro ni ser merecedores del amor de éste. Son personas que suelen tener gran cantidad de relaciones que terminan cada vez que éstas amenazan con adquirir mayor cohesión. Algunos problemas de intimidad son consecuencia de experiencias negativas y decepcionantes con las relaciones de los primeros años.

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Muchas veces intentamos eludir la intimidad mediante trampas engañosas: intentamos ”leer el pensamiento” del otro, tratando de deducir o adivinar qué siente y piensa nuestra pareja o rápidamente tratamos de mantener relaciones sexuales. Si bien estas actitudes pueden ser respuestas inocuas en determinadas circunstancias, no constituyen un atajo en el camino hacia la verdadera intimidad.

La intimidad puede crearse y recrearse cuando dos personas abandonan viejos patrones de persecución y rechazo, cuando confían en exponer las partes que pueden ser heridas y cuando ven y son vistas realmente como son, simultáneamente, con total conciencia de sus vulnerabilidades respectivas y con la intención de continuar la danza. Compartir experiencias no significa que ambos miembros de una relación actúen siempre juntos ni que uno llena todas las necesidades del otro. Es importante mantener nuestra identidad al margen del vínculo relacional.

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Compartiendo nuestra intimidad y nuestra privacidad, generamos un clima que favorece el placer, el erotismo y el contacto.

Las experiencias sexuales son más placenteras con una pareja que nos conoce íntimamente, con quien se puede tener la seguridad de no ser rechazado ni decepcionado, de que los propios sentimientos serán tenidos en cuenta. Una relación de intimidad actúa como un amortiguador que resguarda de las presiones y tensiones de la vida diaria.

Solamente cuando vemos y respetamos realmente al otro y nos sentimos miradas y respetadas por éste, podremos confiar el uno en el otro. Este respeto significa que ambos comprendimos la esencia de la intimidad: no somos una sola persona, sino dos, no estamos juntos ”en un mismo barco” sino en dos, y el navegar juntos o a la deriva depende de este reconocimiento de individualidades.

Lic. Diana M. Resnicoff
Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.
TE: (54-11)4831-2910
E-mail: dresni@gmail.com
Página Web: www.e-sexualidad.com

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