Mitos y verdades que rondan alrededor de estas características

El color de un huevo depende de la raza del pollo. Si las plumas de la gallina son blancas, pondrán huevos de ese color, y si sus plumas son marrones entonces los huevos serán marrones. Incluso hay huevos con la cáscara de color azul, aunque no los vemos en los estantes de los supermercados.

Pese a que durante mucho tiempo ha existido el mito de que los huevos con cáscara marrón son más saludables que los blancos, lo cierto es que todos los estudios científicos que se han realizado al respecto coinciden en que no hay absolutamente ninguna diferencia nutricional entre un huevo con cáscara marrón y otro con cáscara blanca.

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La única diferencia, en este caso, es el pigmento. De hecho, los únicos factores que pueden afectar al contenido nutricional de un huevo, y esto sí que es importantísimo tenerlo en cuenta, son el ambiente y la dieta de la gallina.

En cuanto al ambiente, un huevo que se deja bajo el sol contiene mucha más cantidad de vitamina D de lo normal. Y por otro lado, las gallinas que se alimentan de una dieta rica en ácidos grasos omega-3 pondrán unos huevos con niveles mucho más elevados de estos ácidos grasos, y por lo tanto muchísimo más saludables.

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Del mismo modo que no hay ninguna diferencia nutricional entre un huevo marrón y otro blanco, tampoco hay diferencia en el sabor. Que un huevo sepa diferente de otro dependerá solo de la frescura, la dieta de la gallina y la forma en la que se cocina.

Por tanto, a la hora de elegir un huevo en el supermercado, está claro que el color de la cáscara no es importante, sino la forma de cría de la ponedora: si los han puesto gallinas en libertad, si han sido tratadas con productos químicos o si comen transgénicos.

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Fuente: Cocinatis

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