¿Estrés? Consejos para reducirlo

El estrés nos ayuda a aumentar el rendimiento de nuestro cuerpo. Eso significa que puede no ser negativo.

Sin embargo, si la exigencia es constante y excesiva, hay un momento en que el organismo se ve superado y comienza a fallar; incluso, podemos llegar a enfermarnos.

Ansiedad, insomnio, pérdida de apetito, irritación, dolor de cabeza o de estómago, cansancio, disminución del deseo sexual y alteraciones del rendimiento psico-físico, son sólo algunos de los síntomas que puede comenzar a avisarnos que estamos ante una situación de estrés malo, también llamado distrés.

Para evitar que llegues a ese estado, en esta nota, distintos especialistas nos regalan 11 consejos que pueden ayudar a reducir el estrés negativo.

El psicólogo Santiago Gómez, Director de Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva, nos enseña los siguientes:

1- Escuchar las necesidades psicológicas y físicas.
2- Hay que realizar una organización objetiva de las diferentes actividades diarias.
3- Anotar todo lo que tenemos que hacer y no guardar las tareas en la cabeza.
4- Jerarquizar prioridades, diferenciando lo urgente de lo importante.
5- Realizar las tareas de a una por vez y no todas juntas.
6- Hacer una clara diferencia entre las exigencias internas o personales y las reales.
7- No postergar, ser ejecutivo.
8- Aprender a delegar.
9- Respetar las horas de sueño.
10- Tomarse recreos.
11- Salir a caminar o hacer una actividad física.

En tanto, las licenciadas Mirta Dall´Occhio y Patricia Gubbay de Hanono, directoras de Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad, aportan otras ideas fundamentales para tener en cuenta:

– Anticipar los posibles estresores y enfrentarlos con calma. Pueden ser: ambientales (clima, ruido, polución, trópico), sociales (fechas límites, problemas económicos, discusiones perdidas, duelos) o psicológicos (crisis vitales, adolescencia, menopausia, enfermedades, problemas con la alimentación, con el sueño, etcétera).
– Aprender (y realizar ejercicios) de respiración y relajación por grupos musculares para aliviar la tensión corporal.
– Reconocer cómo los pensamientos condicionan tus sentimientos y tu conducta. Así como pensamos, sentimos y actuamos. Por lo que si nuestro pensamiento es catastrófico se activará una respuesta emocional de alerta.
– Hacer una dieta balanceada y ejercicio de manera habitual.
– Usar el fin de semana para cambiar el ritmo. Dejar siempre un momento para hacer contacto con la naturaleza, planificar pocas actividades pero placenteras.
– Despertarse 20 minutos antes de lo habitual. Es más fácil reponerse de un rato menos de sueño, que lidiar contra las complicaciones cotidianas (atascamientos de tránsito, olvidos o corridas porque los chicos tiraron la leche).
– Rescatar la importancia del tiempo para el ocio. Hoy en día tenemos miedo de sentir que no hacemos nada y olvidamos lo imprescindible que resulta parar y tener un momento con nosotros mismos y con los seres que amamos.
– Escuchar música tranquila, con sonidos de la naturaleza, nos ayuda a bajar el ritmo acelerado del día. Crear un clima propicio para mimetizarse con esos sonidos y tratar de encontrar la paz y la tranquilidad que el mundo real no nos permite.
– Mimarse: ir a la peluquería, darse un masaje relajante, hacerse un regalo, cada uno dentro de sus posibilidades.
– Hacer el amor.

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