No es nuevo que grandes amigos o buenos conocidos que se han asociado laboralmente, concluyen su alianza muchas veces en los peores términos. ¿Qué aspectos no deberían pasarse por alto para que esto no suceda? Lo que tenés que saber en esta nota.

La historia parece repetirse hasta el cansancio, para bien o mal. Dos (o más) buenos amigos, compinches o conocidos deciden poner una sociedad laboral.

Una acción que puede terminar siempre en dos extremos: o se llevan muy bien, y tienen muy en claro su rol y responsabilidad en el negocio, (lo que repercute en una alianza exitosa en número y convivencia); o en el extremo opuesto, cada parte termina por padecer a la otra, sumando una mala relación, corte de amistad y fracaso del proyecto.

¿Qué parámetros son los que deben ser claros desde el principio para no perecer en el intento?

Según explica la psicóloga laboral Viviana Imperiale “antes que nada hay que tener en cuenta de qué se trata el proyecto que uno desea llevar adelante, para saber también qué aportaría cada parte del mismo.

Es decir: hay que preguntarse por qué se desea hacer ese proyecto con un socio; si es por dinero o como inversión, o porque quizá se tiene el capital pero se requiere de alguien que maneje la parte técnica… En síntesis, en función del objetivo y del proyecto que se tenga, son las características que se van a necesitar de un socio”.

– Es decir, saber bien qué parte brindaría cada quién en la sociedad…

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– El socio es aquel que viene a poner en equivalencia algo; no lo mismo, o en igualdad, con el otro. Es una equivalencia que puede ser en dinero, en tiempo, en conocimiento, en habilidades… Por eso se tiene que tener bien claro lo que el proyecto va a conllevar.

– Existen sociedades diferentes, que surgen en grupo de amigos: ¿resulta más complejo?

– Hay situaciones donde los amigos se juntan y surge desde el inicio entre todos la idea del proyecto y la sociedad. Y es allí (y más allá de las ganas grupales) en donde cada uno tiene que explicitar qué es lo que puede aportar a esa sociedad, y para ese proyecto conjunto. Esa sería una constitución de sociedad diferente, que también va a determinar la viabilidad del proyecto.

Muchas veces es agradable hacerlo con amigos, pero luego resulta que “la” o “las” personas no tienen las habilidades o competencias que requiere el proyecto. En ese caso se hace mucho más difícil para el socio que sí las posee decirle a alguien que quiere que no es el líder que esperaba, o que no está resultando efectivo en la parte que le corresponde. Al no aclarar bien y desde el principio lo que se necesita de cada uno, se generan este tipo de situaciones indeseadas.

– ¿Cómo se hace para poder ser imparcial en esos casos?

– Lo ideal sería que la persona que no tiene las competencias necesarias en determinadas áreas del proyecto dé un paso al costado, y quizá hacer una contrapropuesta de seguir siendo socio (supongamos desde lo monetario); pero prescindiendo de aquello en lo que no está siendo efectivo.

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De base cada integrante tiene que ser muy consciente de sus fortalezas y debilidades, saber con qué cuenta a nivel capital humano e interno, y con que no; para armar el proyecto en función de eso más allá de lo económico. Las sociedades se nutren de lo diferencial, no de que dos personas sean buenas en lo mismo.

– ¿Cómo se hace para no mezclar el trabajo con el sentimiento?

– Hay que saber buscar la ayuda de un tercero que colabore para organizar el proyecto, por medio de un acuerdo de lo que va a aportar cada uno. Puede ser alguien de recursos humanos, un abogado o secretario; por dar algunos ejemplos. La idea es que la presencia de ese tercero viabilice la acción y se pueda poner por escrito (o al menos de manera verbal) cuáles son las expectativas, o el contrato denominado ‘psicológico’, entre los miembros de la organización; más allá del contrato legal.

– ¿Cuál es el error más común que suele darse en las sociedades?

– El valor más importante que se busca es la confianza, pero por eso mismo suelen seleccionarse a los amigos o familiares para las sociedades, algo que a su vez genera que se termine eligiendo sólo por esa confianza y no por la capacidad de los sujetos.

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– ¿Cómo tener ambas?

– Si bien la confianza es un valor muy importante, también lo es saber que la otra persona tiene limitaciones, por lo que no hay que esperar más de la cuenta, sino conocer bien sus potencialidades y debilidades. Cada quien tiene que desarrollar un autoconocimiento para saber qué es lo que realmente tiene para aportar a esa sociedad.

Algunos tips para relaciones duraderas

– Identificar fortalezas y debilidades. ¿En qué se es bueno? ¿Qué se hace bien? El socio debe complementar. Si la persona se enfoca en encontrar a gente que tenga habilidades diferentes a las suyas, será más fuerte que si están separados.

– Discutir las metas a largo plazo de frente. ¿Son similares? ¿Son compatibles? Tal vez no estén de acuerdo en cómo llegar ahí, pero el sujeto y su socio deben compartir la misma visión. La pregunta importante es si ambos serán capaces de alcanzar sus metas al trabajar juntos.

– Definir roles. Es fundamental que no hagan las mismas cosas. Antes de iniciar se tiene que decidir quién será responsable de cada cosa.

Estos roles pueden cambiar con el tiempo, pero deben ser establecidos desde antes para evitar conflictos.

– Comunicarse de manera regular aunque parezca obvio, y poner una fecha y lugar recurrente para que sea más fácil hablar de los problemas que surjan.

– Poner las cosas por escrito. Si tienen un acuerdo por escrito podrán definir mejor su visión.

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