En concreto, en niños de seis años de edad, saltarse la primera comida del día reduce en 5,58 puntos la habilidad verbal, en 2,50 puntos el rendimiento y en 4.6 puntos la puntuación total.

Según Jianghong-Liu, coautor del trabajo, lo preocupante es que las habilidades cognitivas a esa edad se desarrollan rápidamente. Y todo apunta a que, después de toda una noche sin probar bocado, el desayuno es imprescindible como ”combustible” para el funcionamiento y el desarrollo normal del cerebro.

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Los investigadores aseguran que una nutrición adecuada en la infancia no solo está relacionada con mejores puntuaciones en los test de inteligencia en edad escolar, sino que también se asocia a una carrera profesional más satisfactoria y un mayor éxito económico al alcanzar la vida adulta.

”A largo plazo, asegurarse de tomar el desayuno podría aportar beneficios para la salud física y mental, así como una adecuada calidad de vida”, concluye Jianghong-Liu, que asegura que con el hábito del desayuno diario también se reducen los trastornos del comportamiento.

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