Una vez abandonado el tabaco, el ejercicio físico produce efectos antiinflamatorios y antioxidantes que contribuyen desde el inicio a revertir el daño producido por este

A pesar de que muchas personas asocian el abandono del hábito tabáquico con la ganancia de un par de kilos, retomar a una vida saludable y llevar a cabo una rutina de ejercicio puede llegar a disminuir la adicción.

Según Luis Carrascal, médico de Familia y miembro de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), haber practicado deporte siendo fumador no elimina la posibilidad de tener cáncer de pulmón, pero esta sí se ve mermada de manera considerable.

Por su parte, Carlos de Teresa, vocal de la junta de Gobierno de la Sociedad Española de Medicina en el Deporte (Semed/Femede) admite los efectos positivos de la actividad física: “Una vez abandonado el tabaco, el ejercicio físico produce efectos antiinflamatorios y antioxidantes, que contribuyen desde el inicio a revertir el daño producido por el tabaco”, reconoce.

Esto es debido a que, tal y como afirman los expertos, estar expuesto a la nicotina durante un gran periodo de tiempo puede conllevar el desarrollo de diversas patologías. Estas afectan de forma más grave al aparato respiratorio, donde es habitual exponerse a una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). En otro orden, también afecta al sistema cardiovascular e inmunológico, por lo que puede llegar a provocar infartos de miocardio o crisis asmáticas.

Cómo empezar una rutina de ejercicio

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“En la mayoría de los casos, una persona fumadora equivale a una persona sedentaria”, apunta De Teresa, por lo que deberán iniciarse en el deporte teniendo en cuenta que su forma física será baja. Por esta razón, Carrascal sugiere empezar poco a poco, haciendo ejercicio durante 30 minutos cinco días a la semana teniendo en cuenta su tensión y las pulsaciones por minuto, para poder frenar la intensidad cuando el número de latidos por minuto sea excesivo.

Durante los primeros días, son habituales los episodios de fatiga muscular, por lo que es necesario subir la intensidad de los entrenamientos solo cuando el exfumador se vea preparado para hacerlo. También es frecuente la aparición de flemas en la garganta y el incremento de las toses. “Es un síntoma bueno, quiere decir que se está saliendo de los efectos del tabaco”, reconoce Carrascal.

A pesar de que hacer ejercicio físico es un hábito saludable. Cuando se ha dejado de fumar hay que tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

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Recordar ir bien equipado

Después de llevar mucho tiempo sin tener unos hábitos de ejercicio, es importante correr llevando ropa cómoda. También hay que utilizar un calzado adecuado y, tal y como recomienda el miembro de Semfyc, llevar un pulsómetro para comprobar que el esfuerzo realizado no esté por encima de sus posibilidades.

Planear los entrenamientos

Es crucial hacer un horario en el que exista un tiempo para hacer ejercicio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe sobre Estrategia mundial sobre el régimen alimentario, actividad física y salud, considera que las personas entre 18 y 64 años deben dedicar al menos 150 minutos semanales a la práctica de actividad física moderada.

Tener paciencia

Hay que evitar las prisas por conseguir beneficios ya que el organismo necesita un tiempo de adaptación. En este punto, Carrascal apunta que, aunque los efectos del tabaco pueden tardar años en desaparecer en su totalidad, el exfumador podrá mejorar su capacidad de resistencia de a partir de los tres meses de continua actividad física.

¿Cuándo está contraindicado hacer deporte?

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Son pocos, pero hay casos específicos en los que llevar a cabo ejercicio físico después de dejar de fumar está contraindicado clínicamente. De Teresa asume que es perjudicial hacer ejercicio cuando el cuerpo atraviesa por la fase aguda de una patología, especialmente si esta se localiza en el sistema vascular. “Esto se debe a que uno de los efectos secundarios del tabaquismo es un calcificación del as venas y arterias, lo que puede conllevar una mala irrigación de la sangre”.

Al respecto, Carrascal hace especial hincapié en las complicaciones, como son las cardiopatías o las neoplasias. Especialmente si estas han conllevado cirugías, ya que las lesiones son especialmente graves. En este caso, estos especialistas aconsejan ejercicios de rehabilitación de los tejidos dañados. No obstante, los expertos admiten que estas, a pesar de ser graves, son poco frecuentes.

Fuente: Cuidate plus

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