Si bien son entretenidos para ellos, es importante conocer cómo repercuten en su salud y poder regular su uso

La influencia que ejercen los videos o los videojuegos en los niños que los ven y se entretienen con ellos depende de su edad y del tipo de contenido que consumen.

A partir del segundo año de vida, los niños pueden interactuar con dispositivos básicos. Son esencialmente pasivos, por eso, no pueden durar más que unos pocos minutos en juegos simples, dado que requieren atención sostenida y cierto grado de proactividad. Las metas, logros, niveles y recompensas que tiene el juego no logran penetrar en ellos, por eso es que se aburren al poco tiempo.

La interacción se limita a ver dibujos animados y videos en los que cantan y bailan. Desde el punto de vista psicológico, este tipo de interacciones funcionan del mismo modo que ver la televisión.

A esta edad, el componente homeostático -el tiempo que lleva el niño despierto- es demasiado fuerte como para que un dispositivo electrónico pueda restarle horas de sueño. Sin embargo, algunas investigaciones indican que enfocar constantemente la visión en distancias cercanas puede causar estrés y cansancio en el ojo y, eventualmente, causar miopía.

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A pesar de ello, existen estudios que aseguran que la causa más importante de la miopía es la herencia. Respecto de la salud ocular de los niños, es importante regular el brillo y el tipo de luz que emite el dispositivo.

Más adelante, cuando los niños tienen entre tres y seis años, la relación con el contenido audiovisual que consumen es similar a lo mencionado anteriormente, aunque pueden recordar algunos detalles. Les cuesta seguir una línea argumental y suelen aburrirse finalmente. Los juegos que utilizan son sencillos, ya que no tienen habilidades cognitivas plenamente desarrolladas para poder comprender juegos avanzados, como análisis, planificación o ejecución.

Las precauciones que los adultos deben tomar para que los videojuegos o los videos que consumen los niños son iguales que en los menores de tres años. Es necesario limitar la hora y el tiempo de uso, la luminosidad de la pantalla y el volumen que emite el dispositivo. Sin embargo, es importante que los niños no se vayan a dormir jugando porque el juego requiere proactividad y estimulación, lo cual va en contra del sueño.

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Alrededor de los nueve años ya se ha producido la consolidación de la lectoescritura. Por eso, la computadora, la tablet y el smartphone abren un mundo de posibilidades que hay que vigilar porque es fácil acceder a contenidos no aptos o inadecuado para esa edad. El niño debe naturalizar que los adultos, sobre todo sus padres, interactúen junto a ellos y, por supuesto, la posibilidad de acceder al historial de uso para detectar acceso a contenidos no adecuados.

Respecto al uso de videojuegos, los niños mayores de seis años pueden estar más tiempo atentos, ya que han desarrollado la capacidad de aprender estrategias y sus habilidades cognitivas les permiten interacciones más complejas de planificación y ejecución.

Más adelante, alrededor de los nueve años, los niños entran en una etapa en la que aumenta el consumo de videojuegos. Los juegos ofrecen una retroalimentación inmediata, ya que se puede ver el progreso e intentar algo que, si falla, puede superarse. Así se retroalimenta el centro de recompensa de las personas, por eso es que los juegos resultan tan atractivos.

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A partir de esta edad, además de las recomendaciones a tener en cuenta para las edades anteriores, también es importante tener en cuenta otras precauciones. Es necesario complementar los videojuegos con actividades al aire libre, con otros niños, como deportes o juegos.

Dentro del mundo de los videojuegos es recomendable que los niños se relacionen con personas conocidas, como familiares o amigos, y no juegen en modalidad online.

El sueño se ve afectado severamente cuando los niños no respetan ciertos horarios de juego, por eso es importante que los adultos no permitan que jueguen inmediatamente antes de dormir. Incluso es recomendable que hasta los doce años los niños no jueguen después de las siete u ocho de la noche.

Fuente: Health and tech

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