Entre los problemas oculares que pueden aparecer, los más frecuentes en lactantes y niños son los defectos de refracción, la ambliopía u ojo vago y el estrabismo

El recién nacido tiene la visión poco desarrollada, pero madura rápidamente en los primeros meses y casi se ha completado hacia los tres años. De hecho, a partir del primer mes, los bebés empiezan a fijarse en las luces, en los objetos y poco a poco empiezan a seguirlos.

Cuando el ojo no es capaz de enfocar la imagen en la retina surgen los errores de refracción, por lo que es fundamental que desde pequeños los niños acudan a controles de salud infantil que permitan detectar algún problema en la visión y corregirlo lo antes posible.

Sin embargo, ¿cuándo deberían empezar a preocuparse los padres? ¿Hay alguna señal que les ayude a detectar si existe algún problema? Tal y como explica Elena Jarrín, especialista en oftalmología infantil y en estrabismo, la primera señal de alerta la tendrían los padres, si observan que los bebés no consiguen esos progresos (fijarse en luces y objetos y seguirlos).

En esas situaciones tendrían que sospechar una posible alteración visual en ambos ojos. “Por otro lado, sospecharemos un problema de visión en un ojo, si el bebé rechaza que se le tape el ojo contrario, si observamos que tuerce el ojo malo o si el reflejo de la luz en la pupila está alterado”, advierte Jarrín.

Entre los problemas oculares que pueden aparecer, la especialista aclara que los más frecuentes en lactantes y niños son los defectos de refracción (la necesidad de lentes), la ambliopía u ojo vago y el estrabismo. Problemas que, en la mayoría de los casos se pueden prevenir realizando revisiones oftalmológicas periódicas en las que los expertos comprobarán que el sistema visual se está desarrollando correctamente y, si existe alguna alteración, la corregirán antes de que se desencaden más problemas.

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¿Qué consecuencias tiene si se detectan tarde?

“El sistema visual del niño está en continuo desarrollo y maduración. Cuanto antes se detecten y se traten los problemas visuales, mejor podrá desarrollarse su sistema visual”, explica la especialista en oftalmología infantil, quien señala que si estas alteraciones se diagnostican tarde, más difícil será corregirlas y habrá que emplear tratamientos más agresivos durante un periodo de tiempo más extenso. Además, en algunos casos se enlazarán unas deficiencias con otras.

“Por ejemplo, si un niño tiene un defecto refractivo, éste le puede llevar a desarrollar una ambliopía u ojo vago y un estrabismo. Si se ponen los lentes a tiempo, no será necesario tratar el ojo vago con parche y se evitará el estrabismo. Si no se detectan y tratan estas alteraciones precozmente, en muchas ocasiones no se podrán alcanzar resultados óptimos, es decir, una visión del cien por cien con los dos ojos, con un alineamiento correcto y una buena visión tridimensional o estereopsis”, hace hincapié la especialista.

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Cuando los expertos detectan el problema pueden aplicar varios tratamientos, tal y como especifica Jarrín:

  • Los defectos de refracción se tratan con lentes, aunque cuando el niño llega a la preadolescencia se puede plantear también el uso de lentes de contacto.
  • En el caso de la ambliopía u ojo vago el tratamiento variará dependiendo de las causas. “Las más habituales son la diferencia de graduación entre los dos ojos y el estrabismo. Hay casos más graves y menos frecuentes, como tener alteraciones anatómicas en el ojo que eviten la visualización normal de la imagen: cataratas congénitas, ptosis palpebral o párpado caído, malformaciones de la retina o del nervio óptico, etc.”, explica la experta, quien matiza que en el primer caso, la corrección de la causa sí es posible y, en el segundo, el tratamiento va dirigido a favorecer que el cerebro perciba la imagen del ojo vago penalizando la imagen del ojo bueno, mediante parches, unas gotas que dilatan la pupila (atropina) u otros métodos.
  • En cuanto al estrabismo, algunos pueden corregirse con anteojos. Si éstos no funcionan, los expertos recurrirán a métodos más agresivos que actúan sobre los músculos extraoculares, como cirugía o inyección de toxina botulínica.

“Aunque no observen ningún problema visual en sus hijos, recomiendo que los acompañen a revisiones periódicas porque muchas alteraciones son inapreciables; cuanto antes las diagnostiquemos, más sencillo y eficaz será el tratamiento. Además, es fundamental que consulten, si les llama la atención algún comportamiento en sus hijos o si hay antecedentes de problemas visuales en la familia”, concluye la especialista.

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Fuente: Cuidate Plus

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