Para esto bastará que pruebes otro tipo de productos para rebozar, cambies de utensilios y que utilices siempre la cantidad de aceite justa

A diferencia de otras preparaciones, una fritura mal realizada multiplica las calorías de nuestros platos, por lo que se debe ser cuidadoso cuando rebocemos pollo, pescado, o cualquier otro alimento que se nos ocurra.

Y es que si por algo nos gustan los rebozados es porque proporcionan un buen sabor a casi cualquier comida, de ahí que sean tan comunes en nuestra dieta. Esto es lo que podés hacer para conseguir unos rebozados mucho más saludables.

Usar otros ingredientes

El rebozado tradicional está elaborado con ingredientes como la harina blanca refinada y el pan rallado. Si, además, queremos empanar, pasamos el alimento por un baño de huevo batido antes de freírlo en abundante aceite, un paso que dispara las calorías y la cantidad de grasa del plato.

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Para hacer rebozados más ligeros podemos recurrir a la tempura. Esta técnica originaria de los países asiáticos consiste en rebozar con una mezcla de harina, huevo y agua muy fría –casi congelada-, que permitirá que las grasas del aceite no se adhieran al alimento. El aceite donde se fría la tempura debe estar muy caliente (a un mínimo de 180º C) y los alimentos se deben sumergir en él únicamente durante un par de minutos.

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De la gastronomía japonesa también podemos aprovechar algo más: el panko, un pan similar al rallado, pero con una textura mucho más ligera y con mucha menos grasa. Puedes encontrarlo en tiendas gourmet o especializadas.

Otra clásica alternativa al pan rallado para conseguir rebozados más saludables es utilizar garbanzos, copos de maíz o avena triturados. Los cereales aportan más nutrientes y fibra de la que podría aportar el pan rallado y en muchas ocasiones, proporcionan un resultado final mucho más crujiente y sabroso.

Por último, es importante tener en cuenta que la gran parte de calorías que ingiramos vendrán de aquello que estemos friendo. Por ello te recomendamos que no abuses de las papas fritas y de alimentos como las croquetas o los nuggets, y que empieces a rebozar también verduras u hortalizas.

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Usa otros utensilios

Decile adiós a la sartén y a la tan insana freidora y pasate al horno y al wok. El primero te permitirá cocinar fritos jugosos por dentro y crujientes por fuera sin abusar del aceite: bastará con que pulverices un poco sobre los alimentos y los cocines a una alta temperatura durante muy poco tiempo.

Por su parte, el wok, al tener una parte abombada, distribuye el calor de manera uniforme y permite un cocinado muy rápido y con menos aceite, por lo que también te ahorrará una cantidad de grasa significativa.

Fuente: Cocinatis

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