Es una condición que puede afectar a deportistas de cualquier disciplina y edad que se encuentren en un período de alta carga de entrenamiento y/o competencias

El síndrome de sobreentrenamiento (SSE) es una condición que puede afectar a deportistas de cualquier disciplina y edad que se encuentren en un período de alta carga de entrenamiento y/o competencias. Se caracteriza por la aparición de fatiga, desmotivación, infecciones virales a repetición, lesiones y baja en el rendimiento deportivo, entre otros síntomas y signos, que no pueden ser explicados por causas médicas.

El problema se resuelve luego de dos o tres semanas de reposo deportivo completo. Al contrario de lo que se piensa, no se limita a deportistas de élite, sino que es frecuente en la población amateur.

Causas

Deportistas de resistencia como corredores y triatletas son particularmente vulnerables a padecerlo, debido, en parte, a las características psicológicas del deportista (detallista, meticuloso y autoexigente) y a las demandas específicas del entrenamiento (largas e intensas sesiones diarias, a veces en doble turno). A esto se le suma las exigencias de cumplir con un trabajo de ocho horas y obligaciones familiares.

  • Hay tres errores en la planificación del entrenamiento que explican casi todos los casos de SSE, así como la mayoría de los casos de lesiones deportivas.
  • Hacer muchos kilómetros: más de los que el cuerpo está preparado para asimilar
  • Ir muy rápido: la velocidad óptima de entrenamiento es individual, ir más rápido hace que al cuerpo le cueste más adaptarse
  • Progresar muy rápido: dejar poco tiempo de descanso entre sesión y sesión, agregar muchos kilómetros al volumen semanal en un corto período de tiempo o competir todos los fines de semana

A estas causas hay que sumarles las derivadas de errores en el “entrenamiento invisible”. Alimentación, horas de sueño, frío, calor, estrés mental, exigencias laborales o en el estudio son factores que pesan mucho a la hora de adaptarse al entrenamiento.

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Nunca hay una sola causa responsable del SSE, es una combinación de causas que inicialmente el cuerpo puede ir compensando, pero llega un punto en que ya no es capaz, se agota y se instala el síndrome.

Síntomas

Los primeros síntomas son sutiles, pero el deportista puede reconocer que “algo no anda bien” con su cuerpo:

  • Fatiga que no cede pese al descanso adecuado
  • Alteraciones del sueño, como insomnio o dificultad para conciliarlo, despertar muy temprano en la mañana o tener pesadillas
  • Alteraciones del apetito, como hambre por la tarde o falta de apetito luego de entrenar

Lamentablemente, muchos corredores piensan que la fatiga es señal de que están poco entrenados y que necesitan esforzarse más, con lo que toman la conducta opuesta a la que se necesita.

Otros deportistas no están tan pendientes de sus señales internas o aún no aprendieron a detectarlas y pueden pasar por alto los síntomas iniciales y progresar hacia etapas más avanzadas del síndrome.

Signos físicos

  • Frecuencia cardíaca (FC) en reposo aumentada. Los corredores muy entrenados suelen tener la FC en reposo debajo de 60 latidos por minuto y eso es normal en ellos.

Es una buena costumbre tomar la FC a diario por la mañana, una FC más alta de lo habitual nos habla de la necesidad de bajar la carga.

  • Aumento de la sudoración tanto durante como fuera del entrenamiento.
  • Dolor muscular exagerado luego del ejercicio, más intenso de lo que cabría esperar en condiciones normales
  • Sed durante la tardecita-noche
  • Pérdida o aumento de peso
  • Recuperación más lenta luego de entrenar
  • Aparición de infecciones virales, como resfríos, dolor de garganta, bronquitis y enterocolitis son las más frecuentes
  • Descontrol de enfermedades crónicas que tuviera el atleta (diabetes o alergias)

Manifestaciones conductuales

  • Cambios emocionales: mal humor, irritabilidad, ansiedad, desmotivación para entrenar y competir
  • Pérdida del deseo sexual, impotencia e infertilidad
  • Ausencia o irregularidades en la menstruación
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No hay un indicador que garantice que se está frente a un SSE en el 100%. Es la combinación de signos y síntomas, junto a los datos de las cargas de entrenamiento y estilo de vida de la persona, lo que lleva al deportólogo a sospechar que está frente a este síndrome. Si el rendimiento baja en forma notoria y no se mejora tras dos semanas de reposo deportivo total, entonces el diagnóstico queda sellado.

Complicaciones

Si el SSE no es detectado y tratado a tiempo va a seguir agravándose, y agregando complicaciones que ponen en juego tanto la salud como el futuro deportivo de la persona que lo padece.

Si el deportista sigue entrenando, la progresión es hacia la fatiga crónica: estado irreversible de agotamiento fisiológico, del cual ya no es posible recuperarse completamente.

Esto significa el final de la carrera deportiva del paciente y la presencia de síntomas de cansancio y bajo rendimiento para tareas de la vida cotidiana.

Tratamiento

El tratamiento es complejo y requiere de un enfoque integral del deportista. La persona que sufre este síndrome debe descansar. Es decir, dejar de entrenar y de competir, esta parte es la más difícil de aceptar para el deportista, quien siempre intenta negociar “hacer algo suave”.

Se identificarán y corregirán factores estresantes que pudieran haber incidido en el desarrollo del SSE (alimentación, horarios de sueño, manejo del estrés laboral o familiar).

Luego de varias semanas de reposo deportivo total se irá iniciando de forma muy gradual la actividad. El deportista debe saber que en esta etapa no se busca mantener ni mejorar el rendimiento deportivo.

Es imposible determinar cuánto tiempo puede llevar recuperarse de un SSE, pero con un tratamiento adecuado se estima que será como mínimo 14 semanas.

Cuando el deportista “sale” del sobreentrenamiento, lo hace en excelente forma física, logrando sus mejores rendimientos, resaltando una vez más la importancia que el descanso tiene a la hora de compensar el estrés que se provoca al entrenar.

Prevención

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La primera estrategia para prevenirlo es llevar un plan de actividad física individualizada. Un entrenamiento que es adecuado para uno, puede ser insuficiente o excesivo para otro.

Hay que adaptar las cargas, la modalidad y los horarios al nivel y estilo de vida del deportista (no en forma inversa como suele hacerse). Es necesario ser flexible para modificarlo en función de las respuestas que vaya teniendo el deportista y de los acontecimientos inesperados que puedan ir surgiendo en el tiempo.

El plan de entrenamiento debe ir variando y modificándose cada cierto tiempo. El corredor va evolucionando como deportista, su vida va cambiando, y todo eso incide en cómo el cuerpo asimila los entrenamientos.

Es necesario planificar períodos de descanso durante el año deportivo, semanas en las cuales se corra suave, sin presiones de tiempo, incluso en las que se pierda un poco el nivel. La idea es recuperarse física y mentalmente antes de encarar un nuevo ciclo de entrenamiento.

Un segundo punto para prevenir el SSE es el monitoreo continuo de la adaptación: controlar la FC por la mañana y la motivación.

Otro factor trata de prestar atención al “entrenamiento invisible”. No fumar, evitar tóxicos, minimizar el estrés mental, dormir bien, no pasar frío y no saltearse comidas.

Por último, en la prevención del SSE, no hay que olvidar nunca la relación entre nutrición y sobreentrenamiento. Una dieta baja en CH rápidamente vacía al músculo de sus reservas de glucógeno, esto eleva los niveles de cortisol en sangre, iniciando una cascada de procesos metabólicos y fisiológicos, que van a desembocar en un atleta sobreentrenado en pocas semanas.

Fuentes: Referí / Laura del Puerto

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