El amor deja huella en la vida de los seres humanos y sus consecuencias se traducen en reacciones químicas que los científicos, desde hace décadas, buscan dilucidar.

Desde la taquicardia hasta la mirada perdida, pasando por las manos transpiradas y el rubor en las mejillas. Muchos son los síntomas y uno el diagnóstico: estamos enamorados. Y la pregunta surge, inevitable: ¿cómo es el proceso orgánico y químico que nos produce estas alteraciones?

Una de las probables explicaciones del anhelado fenómeno la dio un estudio efectuado por el Departamento de Psiquiatría y Neurociencias de la Universidad de Loyola (EE. UU). De acuerdo con sus resultados, al enamorarnos se genera una verdadera invasión de sustancias químicas en todo nuestro cuerpo, que son las responsables de estas mutaciones físicas y del bienestar general que sentimos. 

Según explica Domeena Renshaw, directora de la investigación, el coctel químico-cerebral de los enamorados incluye dopamina, adrenalina y norepinefrina. La primera es la responsable de la euforia que se siente en este estado y las otras dos, de la taquicardia y de la falta de sueño.

Euforia y ansiedad

Por el torrente sanguíneo la adenalina incrementa el ritmo cardíaco y la noradrenalina aumenta el calor corporal, generando sudoración. Enamorarse puede hacer a la gente sentirse eufórica, pero también crear un estado de ansiedad, agrega la científica.

Al realizar resonancias magnéticas sobre el cerebro de personas enamoradas se descubrió que en presencia de lo que conocemos como amor aumenta el flujo sanguíneo hacia el centro del placer.

A esto hay que agregarle el descenso del nivel de serotonina en las neuronas. ¿Y qué es lo que produce? Esta sería la razón por la que, sobre todo al comienzo de la relación, ”solo tenemos ojos para nuestra pareja”, explica Renshaw.

Tres fases

Para los investigadores, hay tres fases del amor, que se clasifican en deseo, atracción y apego.

El deseo es una fase conducida por impulsos hormonales. El citado aumento del flujo sanguíneo hacia el centro del placer se produce en la fase de atracción, momento en el que sentimos una inusitada atracción hacia la otra persona. El comportamiento comienza a bajar su intensidad durante la fase del apego, cuando el cuerpo desarrolla una cierta tolerancia hacia los estimulantes del placer. Endorfinas, hormonas antidiuréticas y oxitocina todavía fluyen por el cuerpo en esta etapa creando una sensación generalizada de bienestar y seguridad que puede conducir a una relación que se prolongue en el tiempo.

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