Chica chicata

Si, si, me estoy quedando corta de vista, me van a poder decir, miope, chicata y todo lo que quieran.
Siempre creí que me tocaría tener este problema cuando tenga nietos, para cuando sea una joven alegre de la tercera edad, no sé… más adelante!….pero no en mis 22 años.

Simple sería y lo sé, ponerme lentes de contacto y listo. Pero ¿Cómo hago para sacar la valentía de solicitar un turno (eligiendo en la cartilla según me caiga bien el apellido), saludar al oculista y q me empiece a preguntar… qué letra ves? … y no llegue a la segunda línea. Y lo peor, que me re – pregunte, como para confirmar que necesito unas antiparras con lupas más que un par de anteojos?

Tendré que comenzar a sumergirme en un mundo que desconozco. Aprender significados de palabras como dioptría (¿?), estar pendiente de un objeto más. Suficiente creía con el celular, la billetera y las llaves, que ya conflictiva relación tenemos, agregar un objeto más a mi familia de responsabilidades móviles es algo que verdaderamente no me apetece.

Investigando un poco ( es decir googlenado un poco), me di cuenta que hay muchas personas que están pasando por esto y hasta tienen un blog que se dejan mensajes de aliento mutuo. Eso me cayó bien, significa que no soy la única que quiere evadir una realidad tan real.

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Ayer a la noche al salir del Pecha kucha nitgh (donde se presentan a creativos de distintas disciplinas, cada uno con 6 minutos y 40 segundos para contar una idea o un proyecto), me di cuenta de algo lo cual hizo que me replanteara mi situación de joven poco vidente y darme cuenta de una pequeña reflexión.
Mis ojos internos se abrieron (sueno muy poética cursi , pero aseguro que fue así, Y que no soy poética ni mucho menos cursi).

Pero vale la pena quizás reflexionar cada tanto y prendiendo el medidor de quejas darme cuenta que dejar de tener vista de águila, pierde en mi balanza de prioridades.

Algo que pesa aun más es el no saber agudizar mis otros sentidos, quedar estancada en ese detalle y desvalorizar los otros variados dones que me quedan y están en todo su esplendor.

Y sobre todo algo más importante, es perder la creatividad, es decir mi visión interna. Sea mucha, sea poca, la haya desarrollado o me la guarde para no gastarla… es mi creatividad. Es el modo que tengo de ver las cosas, lo que me rodea. Es la gota de algo diferente, algo que solo yo puedo ver así, mis ideas, mi pensamiento divergente, mi realidad.

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Y aun más , el quedar chicata para ver mas allá de lo que se me presenta, el ver las cosas no con los ojos que ya no tienen el vigor de antes, sino los ojos del alma los ojos de la mente son la cosas que hacen que los ojos físicos pierdan protagonismo.

¿Cuántas de las personas que escribe en el blog animando a otros a ir al oculista, a usar anteojos sin pudor, lo hacen porque quieren que las personas maduren como seres observadores, para llenar el alma mirando las maravillas de la creación y poder divisar un futuro sano, alegre y lleno de paz?

Estoy convencida, que el aliento que dan es porque son solidarias personas que pasan por una misma situación de crisis visual, pero no sé cuántos de ellos se plantean para qué quieren ver mejor o más, no sé cuantos de mis pares realmente quieren ver en la situación que están y sobre todo abrir los ojos internos.

Dejar de descubrir, dejar de mirar hacia delante, cerrar los ojos de tu alma, no alimentar la visión de tu creatividad es algo que no te va poder solucionar un oculista ni el comer kilos de zanahorias.

Chau, me fui a pedir un turno.

Por: Caro Inesita Nygaard

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