Suele decirse, de los niños que sufren autismo, que viven “en su mundo”. Pero no se puede englobar a todos los chicos en el mismo cuadro. Algunos están más ”desconectados” que otros del entorno. El autismo es una patología que puede tener distintos grados según los niveles de esta “desconexión” y consiste en una serie de trastornos en el desarrollo neurológico de las áreas cerebrales encargadas de las habilidades sociales, el lenguaje, la comunicación y la flexibilidad en la conducta.

Según la doctora Nora Grañana, neuróloga infantil y especialista en neuropsicología del Hospital Universitario Austral (HUA), el autismo se diagnostica cada vez más en nuestro país, donde la incidencia alcanza a uno de cada 125 chicos, según datos del Hospital Austral.

Es fundamental la detección temprana, a partir de la observación del niño y de la aplicación de escalas y cuestionarios por parte de maestros, médicos y padres.

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Los primeros rasgos autistas
Los primeros indicios de que un niño puede ser autista aparecen entre los 18 y los 36 meses de edad, cuando se desarrollan las áreas de las habilidades sociales.

“La mayoría de los niños tiene retrasos en la aparición del lenguaje, pero en el caso de los autistas, lo llamativo es que tampoco tratan de comunicarse por otros medios. No establecen juegos de ida y vuelta con sus pares, tienen conductas repetitivas como aleteos con las manos, balanceos, autoestimulaciones y una gran dificultad para tolerar los cambios”, explica la doctora Grañana, coordinadora de CLASE –Clínica de evaluación de trastornos del Lenguaje, la Atención y el Seguimiento Escolar que funciona en el HUA–.

Otro indicador de la enfermedad puede ser el balbuceo. Un nuevo dispositivo graba los balbuceos de los bebés y analiza su evolución para diferenciar si el niño padece autismo o un desarrollo tardío del habla. Una investigación reciente, publicada en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, evaluó más de 3 millones de sonidos grabados y distinguió con un 86% de precisión a los niños con autismo. Esto hace que los investigadores coincidan en que el análisis de los balbuceos de los bebés podría incorporarse a las técnicas para diagnosticar el trastorno.

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¿Por qué detectarlo antes?
La identificación precoz permite estimular el aprendizaje de otras formas de comunicación y lenguaje, mejorar la interacción social y controlar las conductas repetitivas e inapropiadas. Por esto, “resultan clave los síntomas clínicos, la buena observación del niño y las inquietudes de los padres”, especificó Grañana.

En cuanto al abordaje del paciente, si bien el autismo es una discapacidad crónica, el desafío consiste en lograr la mejor calidad de vida posible para el individuo y su familia. “Tengo pacientes autistas que son profesionales. Lo ideal es conocer y acompañar según sus posibilidades a cada uno y apuntar a desarrollar su mayor potencial”, aclaró la neuróloga.

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Además, Grañana señaló que los objetivos de las terapias se adaptan a las etapas vitales del niño: durante el período escolar se busca potenciar el aprendizaje y la interacción social; luego, manejar las dificultades de conducta en la adolescencia; más tarde, lograr las mejores habilidades de independencia, inserción laboral y social en la adultez.
Fuente:  Dra. Nora Grañana, Neuróloga Infantil, Especialista en Neuropsicología y Coordinadora Clínica de CLASE (Clínica de evaluación de trastornos del Lenguaje, Atención y Seguimiento Escolar) del Departamento Materno Infantil del Hospital Universitario Austral (HUA).

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