Tuteás hasta al Papa -que justo es argentino, así que no importa-.
    Saludás con un beso hasta al mozo del restaurante y terminás cualquier correo, ya sea de trabajo, de pésame, de amor o de pelea con un “te mando un beso grande”.
     
    Si un auto estacionado tiene una botella de plástico sobre el techo sabés que…
    ¡Se vende! Nadie supo explicarme de dónde viene esta costumbre insólita, tan arraigada como el asado de los domingos. Tanto que para mí, que llevo algunos años expatriada, Argentina ES un torino rojo con una botella de lavandina en el techo.
     
    Sabés perfectamente para que sirve el bidé.
    Y lo usás y lo extrañás y no te parece un aparato incomprensible y hasta desagradable (¡¿sirve para lavar qué?!), como a mis amigos de América del Norte. Un día voy a traerme un bidé en la valija.
     
    Empujaste un auto descompuesto más de una vez.
    De un amigo, de un vecino o de un desconocido en el medio de la ruta. Terminaste todo transpirado y cubierto de tierra, pero con nuevos amigos y la satisfacción del deber cumplido (porque para nosotros, los argentinos, ayudar es un deber).
     
    Aún tenés pesadillas en las que te morís después de comer sandía con vino.
    Cuántas veces nos advirtieron sobre el peligro mortal de esta combinación. Hasta el día de hoy, no dejo ni siquiera que la sandía esté en la misma mesada que el vino, no vaya a ser que a alguien se le ocurra probar el combo letal.
     
    Empezás cada oración con un largo “Cheeee.”
    El “che” puede estar acompañado por un “boludo/a”, terminás tus frases con un “¿viste?” y todos los adjetivos calificativos que usás van precedidos por “re”. Ahí va: “Cheeee, estoy re feliz. Me vi con Fulano el finde, ¿viste? ¡Y estuvo bárbaro!” (“bárbaro” como “excelente”, nada que ver con Conan).
     
    Nunca se te ocurrió que al compartir el mate también estás compartiendo los gérmenes de tus compañeros.
    O si se te ocurrió, no te importa. No creciste con pánico a los gérmenes ajenos y ni por asomo estarías dispuesto a dejar de compartir un mate por este motivo tan ridículo (mis amigos norteamericanos toman mate, pero cada uno usa el suyo…).
     
    “Madre hay una sola (Y justo tuvo que tocarme a mí)”.
    Sos una madre intensa. Si un extranjero nota cuántas veces besás y abrazás a tu hijo por día, temerá por la salud física y emocional del niño (y eso que no te escuchó enojada). Te molesta muchísimo que los desconocidos acaricien tu panza de embarazada o que toquen a tu bebé en el supermercado, pero no podés evitar querer hacer lo mismo cuando la espectadora sos vos (y no me digas que no).
     
    Amigos son los amigos…
    Nos enamoramos de los amigos, andamos pegoteados, nos ofendemos por cualquier cosa, “cortamos mano y cortamos fierro”, nos amigamos, nos juntamos a comer y de nuevo somos familia. Dame la A, de amistad; dame la A, de Argentina.
     
    Naciste sabiendo que en “las cosas simples está el verdadero sabor de la vida”.
    Sos de lágrima fácil y te reís a carcajadas por cualquier cosa. Pasás del ceño fruncido (tu expresión por defecto) a la sonrisa sin filtro. Siempre hay lugar para otro más en la mesa, siempre hay un motivo para brindar, para hacer un chiste, para discutir y para putear. Sos argentino, tenés una capacidad inigualable de disfrutar de las pequeñas grandes cosas de esta vida.

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