Schmidt, un personaje tan neurótico como peculiar

Hace veinte años, cuando a los 13 años Max Greenfield tuvo que elegir el tema para la celebración de su bar mitzvá, el rito que marca el ingreso a la adultez según la religión judía, no pidió que se decorara el salón con bates de béisbol ni imágenes de Star Wars como muchos de sus amigos; lo que el pequeño casi hombre pidió fue una fiesta de Saturday Night Live , su programa favorito entonces y también ahora.

”Había gigantografías de algunos integrantes del elenco y la torta estaba decorada con las imágenes de los Blues Brothers. Fue un evento espectacular. Acá tengo las fotos si quieren verlas”, dice riéndose de sí mismo el actor que interpreta al ridículamente encantador, con énfasis en lo ridículo, Schmidt en New Girl , la comedia que estrena temporada esta noche, a las 22, por Fox.

Tan neurótico como peculiar, el personaje resultó una de las más hilarantes sorpresas de la sitcom que protagoniza Zooey Deschanel. Schmidt, uno de los tres compañeros de departamento de la dulce Jess -un tipo al que nadie dudaría en calificar como el pesado de la fiesta, ese amigo que uno conserva aunque no sepa bien por qué, un mujeriego sin ninguna posibilidad de conseguir mujeres-, no parecía el más atractivo de los papeles. Hasta que eligieron a Greenfield para interpretarlo. Y así, en un puñado de capítulos en el que desplegó sus delirios de grandeza, sus inseguridades y una ternura infinita oculta bajo toneladas de actitudes engreídas Schmidt le consiguió a su actor el reconocimiento de los críticos, una nominación a los premios Emmy como mejor actor de reparto en comedia, otra para los Globo de Oro y nada más y nada menos que el título del judío más sexy otorgado por los lectores de la revista People de Israel. Un reconocimiento algo inesperado para quien se gana la vida haciendo papelones en pantalla.

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”Lo más lindo de todo lo que pasa con este personaje es que en un principio nunca hubieras dicho que Schmidt podría generar reacciones tipo: «Es raro, pero me parece que me gusta». Y ahora, de repente, estar en esta situación de ser el hombre más sexy de Israel. Creo que realmente dimos vuelta las cosas”, bromea Greenfield, que dice ser tímido, una característica que definitivamente no comparte con su personaje. Aunque admite que algo de él hay en el muchacho capaz de volverse loco cuando alguien no utiliza bien los condimentos de cocina y susceptible hasta las lágrimas por una pelea con su mejor amigo Nick, interpretado por Jake Johnson, el perfecto e iracundo contrapunto para el excéntrico Schmidt.

”Los guionistas son muy inteligentes y captan pequeñas cositas que nosotros los actores hacemos y las usan, muy amplificadas, como características de los personajes. Eso te permite tomar una parte de vos mismo y jugar con eso. Yo ciertamente tengo mis neurosis y por ahí fueron. Eso me dio la posibilidad de volverme loco en el set. Y en cierto modo es catártico. Además, me parece que el trabajo resulta mejor cuando lo volvés personal y creo que mostramos mucho de eso en la relación de Schmidt con Cece [la bella modelo que interpreta Hannah Simone]. Ahí se pudo ver lo sensible que es, y creo que con eso nos ganamos a mucha gente”, detalla Greenfield, que antes de que New Girl apareciera en su vida formó parte del elenco de varias series divertidas, como Veronica Mars , Greek y Ugly Betty, aunque ninguno de sus papeles ahí tuvo el espacio ni el impacto que le consiguió Schmidt. Tal vez porque ninguno de ellos era especialmente cómico.

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”Amo Saturday Night Live más que a nada en el mundo. Es el mejor programa que se ha producido en la historia de la TV. Amo, amo, amo, amo la comedia. Cuando era chico sólo me interesaba la comedia, así que fue recién después de los veinte que empecé a descubrir los dramas, a Brando, a Pacino, sus trabajos de los años setenta, y me enamoré de todo eso también. Y me alejé un poco de la comedia. Hasta que volví y todo empezó a funcionar en mi carrera, aunque por muchos años no encontré el personaje ideal para mí. Pero de repente apareció este programa y finalmente todo encajó”, termina Greenfield, y no cabe duda de que hay que darle la razón o arriesgarse a que le agarre un berrinche de intensidad Schmidt. Tal vez valga la pena.

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