Hace 25 años, y por primera vez, un filme que ya había sido nominado fue bochado por la Academia de Hollywood. Este fue el curioso camino de “Un lugar en el mundo”.

Escándalos en los premios Oscar, que se entregan este domingo, hubo siempre. Actores que rechazaron sus estatuillas, discursos incendiarios y hasta gente desnuda sobre el escenario. El año pasado, sin ir más lejos, se dio por ganadora del premio mayor a una película que no lo había sido. Pero una vez, solamente una vez, la Academia de Hollywood descalificó a una película nominada. Fue hace 25 años, y la razón de la exclusión fue que esa película era argentina.

En esos tiempos, el cine argentino no era lo que se dice prolífico, pero se sostenía con un puñado de grandes directores. Entre ellos, sobresalía Adolfo Aristarain, quien estrenó Un lugar en el mundo en abril del 92 con la certeza de que tenía entre manos una enorme película. La historia del pueblo chico con una amenaza grande, de tintes fordianos pero en San Luis, tenía algunas de las mejores actuaciones de las carreras de José Sacristán, Federico Luppi y Cecilia Roth.

Éxito de público y, sobre todo, de crítica, Un lugar en el mundofue llevada al escenario de San Sebastián. En el festival se quedó con la Concha de Oro y el premio OCIC. El escritor uruguayo Eduardo Galeano estaba en el jurado que decidió el premio y había quedado fascinado con el filme. Con los galardones y la catarata de críticas favorables, la película de Aristarain sacó del todo chapa de “oscarizable”.

Sin embargo, para llegar al Oscar hay que ser elegida, y en octubre de ese año llegaron al Instituto Nacional de Cinematografía los votos de las diferentes asociaciones para definir la postulante argentina. En el recuento, Un lugar en el mundo quedó relegada por El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, que -más allá de sus méritos artísticos- tenía claramente menos calce con el paladar hollywoodense.

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Adolfo Aristarain

Hubo algo extraño en esa votación. SICA, el sindicato de los técnicos de cine, fue la única de las seis entidades con voto en no incluir a Un lugar en el mundo entre sus ternadas. Y así facilitó la postulación del filme de Subiela. Por entonces, se había desatado un conflicto entre Aristarain y los técnicos de su filme por porcentajes de recaudación…Por las dudas, más tarde los directivos de SICA aclararon que la decisión había sido motivada sólo por “cuestiones estéticas”.

Aristarain masticó la rabia, pero ni él ni los productores se quedaron quietos. Mientras tanto, los demás países iban definiendo los rivales de El lado oscuro del corazón. En noviembre, la Cinemateca Uruguaya anunció el suyo…Un lugar en el mundo. Realismo mágico: casi en paralelo, la Argentina enviaba la misma película a competir por el Goya.

Cuando la película apareció como candidata uruguaya no levantó mucho polvo, a decir verdad. Y Aristarain se apuró a explicar: no sólo tenía inversores uruguayos, sino que su mujer, Kathy Saavedra, coguionista y vestuarista era uruguaya. Una módica polémica, habida cuenta de que la película todavía competía por el Oscar con otras decenas.

Finalmente, el miércoles 17 de febrero del 93, se anunciaron los candidatos. Año algo gris para Hollywood (salvo por Los imperdonables, que finalmente se iba a quedar con el Oscar a mejor película), la mayor transgresión era la nominación de Jaye Davidson como mejor actor de reparto por su papel de transexual en ese letargo llamado El juego de las lágrimas). Pero cuando los presentadores llegaron al rubro de de película en idioma extranjero, apareció la magia latinoamericana en el cuarto lugar: “A place in the world…Uruguay”.

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Conocida la nominación, que ningún país terminaba de asumir como propia, Osvaldo Papaleo, uno de los productores del filme, hablaba de orgullo y de “una travesura del SICA” como razón para que la película compitiera por el país vecino. En Uruguay, la recepción a la noticia fue algo fría, algo desengañada, quizás típicamente uruguaya, salvo por la crítica de El País, Alicia Migdal, que calificaba la nominación como “ridícula” y apelaba a una gran metáfora: “Ahora nos usan como si fuésemos un vientre alquilado”.

Más allá de las palabras, todas las voces coincidían en algo de lo que la Academia de Hollywood parecía no haberse enterado: la película era enteramente argentina.

Aristarain habló con el inconfundible tono del sincericidio: “La picardía que me atribuyen fue casarme con una uruguaya hace veinte años. Con Kathy como coguionista y vestuarista la película ya tiene doble nacionalidad y por ella hubo aportes económicos uruguayos. ¿Por qué no dije antes que se trataba de una coproducción? Porque no lo necesitaba. Pero, cuando Un lugar en el mundo queda afuera, ¿qué hacía? ¿Me quedaba en casa a llorar?“.

La cuestión es que el mismo 17 de febrero en el que se anunciaron las nominadas, cuando todo era alegría, alguien susurró en el oído de Fay Kanin, la presidenta del Comité de la Academia para Filmes Extranjeros, la frase que empezó a derrumbar todo: “Cuidado, que Un lugar en el mundo no es uruguaya, sino argentina”.

La teoría de Aristarain en su momento, que nunca pudo ser confirmada o desmentida, incluía en el combo a un tanque mexicano, Como agua para chocolate, que se había quedado afuera de las nominaciones. Según Aristarain, los productores del filme de Adolfo Arau estaban convencidos de que habían quedado sextos en la votación. Y presionaban para excluir a la película “uruguaya” para ganar ese lugar entre las nominadas.

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La Academia pidió más precisiones sobre el carácter uruguayo de Un lugar en el mundo y las que recibió no la conformaron. Una semana después del anuncio, la película de Aristarain se convirtió en la primera película nominada a un Oscar en ser descalificada. Por ser argentina.

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El director ejecutivo de la Academia de Hollywood, Bruce Davis, balbuceó alguna explicación y tácitamente dio a entender que habían intentado camelearlos: “Nosotros básicamente creemos en la palabra. No tenemos una agencia de detectives”.

Kanin dio la explicación obvia: “Solamente el vestuario y parte del guión pueden considerarse uruguayos. Todo el resto es argentino. Es extraño encontrar una película que no tenga ningún tipo de participación de otro país. El concepto de coproducción es otro”.

Más mordaz, un miembro del Comité que prefirió el anonimato ironizó ante el enviado de Clarín: “Tienen que sentirse orgullosos. Todos dicen que es un producto artístico de primer nivel…y enteramente argentino”.

El presunto lobby mexicano quedó como una leyenda y nunca se supo si Como agua para chocolate había quedado sexta porque la Academia de Hollywood no puso reemplazo para la excluida. Tampoco importa demasiado (¿Qué querían que hicieran los mexicanos? ¿Quedarse en sus casas a llorar?). Ese año fueron sólo cuatro las nominadas a mejor película en idioma extranjero.

El asunto tampoco hizo mella en el prestigio de Un lugar en el mundo, que sigue siendo una de las grandes películas de la historia del cine argentino. ¿Y uruguayo?

Como sea, merece ser vista.

Fuente: Clarín

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